Templo Mayor, F. Bartolomé

Seis de cada diez mexicanos hicieron valer su voz a través del voto. Y la mayoría fue clara y contundente: quiero un cambio. Y un cambio no sólo de gobierno, sino de proyecto, de formas y de estilos.

** Templo Mayor

** ¿Cómo se hace historia? Con una sociedad que sale en oleadas a votar para lograr la más alta participación electoral que se haya tenido: 63 por ciento del padrón. Seis de cada diez mexicanos hicieron valer su voz a través del voto.

Y la mayoría fue clara y contundente: quiere un cambio. Y un cambio no sólo de gobierno, sino de proyecto, de formas y de estilos. De ahí que Andrés Manuel López Obrador obtuviera una votación superior inclusive que las que se veían en los tiempos del régimen priista, cuando Ernesto Zedillo obtuvo el 48 por ciento y Carlos Salinas el 50.7 por ciento.

Muy atrás dejó el tabasqueño los niveles de votación que obtuvieron Enrique Peña, Vicente Fox y, por supuesto, Felipe Calderón.

Histórica también fue la civilidad política y la altura democrática que tuvieron José Antonio Meade, Ricardo Anaya y hasta Jaime Rodríguez, al reconocer el triunfo de su adversario sin un solo regateo, apenas una hora después de que cerraron las casillas. La de ayer fue una elección que cambia la historia y todo el escenario político, pues un partido de reciente creación como Morena no sólo se lleva la Presidencia, sino que arrasa en al menos cinco gubernaturas y tiene a la mano, con sus aliados, una cómoda mayoría en el Congreso.

Y en ese sentido, también resulta histórica -y para ellos histérica- la derrota que sufrieron PRI, PAN y PRD, pues no sólo perdieron la mayoría de las posiciones de gobierno, sino también quedaron reducidos al mínimo en el Poder Legislativo, derivado del rechazo ciudadano.

El cambio es un hecho, una realidad. Si es un cambio para bien o para mal, se verá en los años por venir. Por lo pronto, los mexicanos, juntos, hicieron historia.

** Más allá de los discursos, a partir de hoy habrá gran expectación por saber si Andrés Manuel López Obrador buscará tender puentes con esa otra mitad de México que no votó por él.

Porque si bien en la campaña insistió una y otra vez que quería “amor y paz”, será en los hechos en donde se perfilará el tipo de gobierno que ejercerá.

Y es que, hoy por hoy, persisten las dudas de cuál será su decisión sobre asuntos centrales, como la reforma educativa, el nuevo aeropuerto, el Sistema Nacional Anticorrupción y los contratos ya existentes en materia petrolera, por mencionar algunos de los más importantes.

Seguramente, en la integración de su equipo de transición, aquellos que lo ayudarán a tomar los trastos, se podrá vislumbrar cuál de todos los López Obrador que se vieron en campaña es el que llegará a Palacio Nacional.

Deja un comentario