¿Quién manda en México?

  • El 30 de diciembre del 2024 el periódico El Universal encabezó su edición con la declaración de ese documento, repartido a senadores de Morena por López Obrador

Ricardo Pascoe

Cuando Claudia Sheinbaum llegaba a su tercer mes de mandato, Andrés Manuel López Obrador publicó un documento amenazando a su gobierno con una insurrección armada, dirigida por él, si intervenía Estados Unidos en México o si la presidencia se alejara de la política de “abrazos, no balazos”. La única salida que Lopez Obrador le ofreció a Sheinbaum era seguir los lineamientos político-ideológicos de su gobierno.

El 30 de diciembre del 2024 el periódico El Universal encabezó su edición con la declaración de ese documento, repartido a senadores de Morena por López Obrador la víspera: “Ve Morena alzamientos armados si EU interviene”.

Visto a casi un año de distancia, lo relevante del documento es la prepotencia de López Obrador al amenazar e impartir instrucciones precisas a Sheinbaum, vía los senadores de Morena, encabezados por el ahora defenestrado Adán Augusto López Hernández. La amenaza era clara: “de no seguir mis políticas, el pueblo se alejará de ti, Claudia”. Un tono radicalmente diferente al que relata Sheinbaum en su reciente libro, donde él supuestamente le dijo que “vas a ser muy querida, confía en el pueblo, no te alejes de él, y cuando tengas dudas, aplica los principios”. No era necesario que López Obrador agregara “mis principios”.

Las comparaciones históricas son odiosas a veces, pero siempre reportan alguna lección. Lázaro Cárdenas asumió la presidencia de México el 1 de diciembre de 1934. Plutarco Elías Calles llenó el gabinete cardenista de sus seguidores, incluyendo su hijo. 17 meses después, el 9 de abril de 1936, Calles y sus aliados políticos publicaron un manifiesto amenazando al gobierno de Cárdenas. Al día siguiente, Cárdenas ordenó el arresto de Calles y sus principales seguidores. Ese mismo día Calles fue puesto en un avión y enviado al exilio en Estados Unidos.

A tres meses de gobierno, Sheinbaum conoció el documento escrito por López Obrador donde la amenaza con una insurrección armada si no se comporta debidamente y como habrían convenido. Cárdenas exilió a Calles a los 17 meses de gobierno. Sheinbaum lleva 14 meses en el poder y toda semejanza y diferencia con el dilema político enfrentado por Cárdenas resulta relevante. Cárdenas expulsó a Calles en un día. Sheinbaum reacciona con “cabeza fría” y espera. ¿Hasta cuándo? Porque llegará el momento en que sea demasiado tarde.

Si aplicamos mecánicamente el modelo de gobernanza impuesto por Cárdenas a Calles, le quedan a Sheinbaum escasos 3 meses para terminar por sacudirse de la tutela de López Obrador. Porque después de ese periodo, empezarán los movimientos y escarceos para la definición de las candidaturas al Congreso en el 2027. Entre la definición de la reforma electoral y la Copa Mundial de Fútbol, el morenismo estará definiendo su listas de candidaturas, lo que supone definir quién controlará el próximo Congreso: la Presidenta o el expresidente. Y de ahí a la candidatura presidencial en 2030. No es poca cosa en juego.

Quizá ésta semejanza le incomode y por eso Sheinbaum publicó su extraño libro: busca desterrar o alejar fantasmas de esas épocas lejanas. Escuché voces que, al conocer el documento que redactó López Obrador, reclamaban que Sheinbaum debió haberlo enviado al exilio a Cuba inmediatamente. Pero las repeticiones en la historia siempre son imperfectas. Casi siempre oscilan entre la tragedia y la comedia.

En estos 14 meses de gestión presidencial, los escenarios políticos, económicos, sociales e internacionales se han complejizado a una velocidad vertiginosa. El control político que ejerce Sheinbaum sobre el país sufre un deterioro grave. Las encuestas de popularidad son, francamente, el único sostén firme que tiene, y son tan volátiles como la economía: un día avanza, al otro retrocede. Nada es firme y nunca es para siempre.

El estancamiento de la economía es tan innegable que el propio secretario de Hacienda lo tuvo que reconocer. Él lo justificó por razones externas, dado el efecto de los aranceles de Estados Unidos. Es cierto que la presencia de Washington en el acontecer económico y político se ha hecho presente como en pocas ocasiones de nuestra historia. Siempre ha estado presente y ha presionado a los gobiernos, buscando fortalecer sus intereses.

Estamos en tiempos de un excepcionalismo estadounidense con relación a México y, también, con relación a América Latina. Se expresa como intervencionismo militar y política de baja o mediana intensidad. Hasta ahora.

Pero al secretario de Hacienda se le olvida lo interno: el ambiente antiempresarial del gobierno de la 4T. El Plan México nunca va a despegar porque es una etiqueta de propaganda, pero no es una realidad producto del convencimiento del sector privado. Los propios morenistas se empeñan en crear las condiciones para la incredulidad.

Crearon una Suprema Corte de Justicia de la Nación repleta de militantes de partido, e hicieron lo propio con el Tribunal Electoral federal, colonizado totalmente por Morena. Cambiaron la Ley del Amparo con la sola intención de arrinconar a un empresario mexicano odiado por el gobierno y el garrote lleva su nombre: Ricardo Salinas Pliego. Todas esas actitudes impiden el arribo de nueva inversión extranjera directa.

CEO´s de las empresas importantes de Estados Unidos con intereses en México le aconsejan a Trump negociar implacablemente el nuevo T-MEC para arrinconar a nuestro país, principalmente porque no confían en el gobierno mexicano y su uso politizado de la justicia. México ha perdido la batalla de la confiabilidad internacional.

Crecen los conflictos sociales dentro del país, incentivados por la mala gestión económica y la acentuada corrupción del aparato estatal morenista. La violencia criminal está atacando sectores económicos como el energético en todas sus ramificaciones, agricultores, transportistas, centros educativos y financieros, pequeños, medianos y grandes comerciantes por igual. El huachicol es la cara pública de la concepción morenista de la asociación público-privada en México, corrupción incluida y aceptada.

Pero también el crimen organizado se expande a la trata de personas, niñas, niños y mujeres, además de acrecentar el tráfico de drogas, especialmente las sintéticas, y el control sobre amplias franjas de la industria del entretenimiento.

Los paros de agricultores, ganaderos, transportistas, piperos, gaseros, maestros y transportistas públicos, son el resultado de la falta de acción gubernamental contra la delincuencia, así como por el modelo económico estatista de precios de garantía que han convertido zonas enteras del país en verdaderos polvorines.

Las universidades y los jóvenes, estudiantes y no-estudiantes, están expresando su frustración ante la creciente falta de oportunidades de trabajo, de estudio y de entretenimiento sano. La violencia juvenil urbana crece fuera de control. Fenómenos como los paros en la UNAM y otras instituciones educativas describen una pradera seca a punto de incendiarse. No ven un futuro mexicano para ellos.

Y todo esto se da en un país donde el control formal, institucional y político lo detenta un sólo partido que no quiere negociar con ningún sector que no se le doblegue, primero, ante su poder e imposición. Morena gobierna por decreto, no por negociación o concesión, a diferencia de Cárdenas. Controla todas las instituciones por arriba, pero no controla casi nada abajo, en la pirámide social. Ahí todo es descontrol, caos y violencia.

El argumento de la investidura presidencial es tan ridículo como la pretensión de María Antonieta de ofrecer dulces a un pueblo enfurecido.

El modelo de gobernanza morenista no está pudiendo resolver los problemas del país cuando estos se multiplican vertiginosamente. Estados como Veracruz, Puebla, Guerrero, Michoacán, Zacatecas y el Estado de México, entre otros, combinan problemas de desastres naturales, con la criminalidad actuando con impunidad, crisis hídrica generalizada, revueltas sociales de productores y desasosiego social en las comunidades, sin presente y sin futuro, sin salud ni educación.

Mientras existen síntomas de revuelta (¿revolución?) social en todo el país, las cúpulas políticas de Morena pelean por defender sus redes de intereses ligados a todas las formas imaginables de corrupción. Y Washington insiste en ser un jugador que exige su parte (¿preponderante?) en la toma de decisiones.

Pero la batalla central es entre el reclamo de lealtad de López Obrador a Sheinbaum, y Sheinbaum queriendo ser leal al movimiento, pero viendo la imposibilidad de ser leal a López Obrador y poder resolver los problemas del país, simultáneamente. Ve cómo el país se deshace entre sus dedos, fluyendo sin control. La economía depende de la relación con América del Norte, mientras la ideología del movimiento descansa en el mito revolucionario cubano y el apoyo a Maduro en Venezuela.

El índice de popularidad presidencial es inútil frente a la crisis de un país con profundos barruntos de insatisfacción. Sheinbaum no tiene el control político que tenía el expresidente, ni su consenso social. Sheinbaum ha tenido que salir a ensuciar sus zapatos en medio de una crisis climática, cuando López Obrador nunca tuvo que hacerlo. Ir a las comunidades afectadas por inundaciones, como lo hizo Sheinbaum, no habla de su mayor empatía con el pueblo, sino es muestra de su debilidad política. No haberlo hecho le habría acarreado un repudio popular fuerte. El “amor” que le tiene el pueblo es tan frágil como eso.

La amenaza del 29 de diciembre de 2024 sigue vigente. López Obrador está dispuesto a ir hasta la insurrección armada para mantener el control político en México. Ni Calles estaba dispuesto a tanto. Hoy sucede algo apremiante. López Obrador no quiere ceder el poder y Sheinbaum no sabe cómo hacerse definitivamente de la Presidencia.

Después de agotar todas las consideraciones políticas e ideológicas, emerge la pregunta esencial que tendrán que contestar: ¿cómo y dónde se define México hacia el futuro? ¿Es militante del Sur-Sur, como alegan algunos de Morena, con todo lo que implica, o es integrante del bloque de América del Norte, con todo lo que eso implica? La respuesta definirá quién manda en México: López Obrador o Sheinbaum. O ninguno.


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