Coatzacoalcos y la reivindicación de sus raíces

Por José Luis Pérez Cruz//Crónicas del Poder

  • Una política de inclusión que deja huella
  • De lo que se verá en el último informe de Amado
  • No hay inclusión sin escucha, ni desarrollo sin participación

En tiempos donde la política suele medirse en cifras, inauguraciones o conferencias, hay gestiones que trascienden por algo menos visible, pero más profundo: su capacidad para reconocer la dignidad y la identidad de quienes históricamente han estado al margen.

El caso de Coatzacoalcos bajo la administración del alcalde Amado Cruz Malpica es un ejemplo elocuente de esa transformación silenciosa, que coloca en el centro a los pueblos originarios y comunidades afromexicanas no como beneficiarios, sino como protagonistas del desarrollo social y cultural del municipio.

Durante el periodo 2024–2025, el Ayuntamiento emprendió una tarea inédita: institucionalizar la atención a los pueblos originarios a través de una Dirección Municipal específica.

DE LOS DICHOS A LOS HECHOS


Lo que comenzó como una propuesta ante el Cabildo en agosto de 2024 se convirtió, en marzo del año siguiente, en una política pública formal con presupuesto, estructura y metas claras.

Esta decisión no es menor. Representa un paso firme hacia la consolidación de un modelo de gobierno incluyente, donde las políticas de bienestar dejan de ser coyunturales para convertirse en derechos reconocidos.

El registro oficial de siete comunidades en el Catálogo Nacional del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) y la incorporación en proceso de otras doce demuestran una visión de largo alcance.

En términos administrativos, esta gestión abre puertas a programas federales, recursos económicos y obras sociales; pero en lo simbólico, significa el reconocimiento de identidades que forman parte del alma misma de Coatzacoalcos.

No se trata solo de trazar líneas en un mapa, sino de reafirmar la presencia de quienes fueron invisibilizados por décadas.

El levantamiento del Padrón Municipal, que ya registra más de 1,200 familias con autoadscripción indígena o afrodescendiente, refuerza esa política de visibilidad y cercanía. Este censo local, que se actualiza de manera permanente, no es un ejercicio estadístico: es la base de una estrategia de inclusión que permite diseñar programas de apoyo, salud y desarrollo con precisión y sentido social.

En un municipio con más de 52,000 habitantes pertenecientes a pueblos originarios y afromexicanos —es decir, casi un tercio de su población total—, esta información representa una herramienta invaluable para la planeación futura.

El impacto directo de las 28 jornadas de salud y bienestar organizadas en coordinación con la Jurisdicción Sanitaria No. 11, que han beneficiado a más de 800 personas, demuestra que la atención va más allá del discurso.

La entrega de aparatos funcionales, apoyos alimentarios y servicios médicos en colonias rurales y urbanas no solo mitiga carencias inmediatas, sino que fortalece la presencia del Estado municipal en territorios históricamente marginados.

ESCUCHAR ES CONSTRUIR

Estas acciones, sostenidas con un presupuesto operativo de 1.2 millones de pesos, reflejan una gestión eficiente que prioriza el contacto directo con la ciudadanía.

El diálogo institucional también ha sido un pilar de esta nueva etapa. La creación del Consejo Consultivo Indígena Municipal y las reuniones bimestrales con representantes comunitarios consolidan un modelo de gobernanza participativa.

En una época marcada por la desconfianza hacia las instituciones, establecer canales permanentes de interlocución entre autoridades y comunidades originarias es un acto político de alto valor democrático. No hay inclusión sin escucha, ni desarrollo sin participación.

Desde una mirada política, estos avances reconfiguran el mapa social de Coatzacoalcos.

Por un lado, fortalecen la cohesión comunitaria y reducen la brecha entre el gobierno y las bases sociales.

Por otro, posicionan al municipio como referente estatal en la implementación de políticas locales con enfoque de derechos. Esta es, quizá, una de las lecciones más relevantes del cuarto informe de Amado Cruz Malpica: demostrar que la modernización no está reñida con la identidad, que la administración pública puede ser instrumento de reconocimiento y justicia social.

El reto hacia el futuro será consolidar lo alcanzado y garantizar su continuidad institucional.

Los programas de inclusión y las estructuras administrativas deben trascender los periodos de gobierno y convertirse en políticas de Estado local.

De lograrse, Coatzacoalcos podría inaugurar una nueva etapa de gobernanza intercultural, donde la diversidad no sea vista como obstáculo, sino como motor de desarrollo.

El impacto de estas acciones va más allá de los números. Lo que se ha construido en estos años es una narrativa distinta del poder local: una que reivindica la raíz indígena y afrodescendiente como parte esencial del presente y futuro de la ciudad.

En un México que busca reconciliarse con su historia y sus desigualdades, Coatzacoalcos muestra que el cambio profundo comienza en los municipios, en los espacios donde la voluntad política se traduce en resultados tangibles y duraderos.

Si el gobierno es, en última instancia, el arte de servir, la actual administración ha demostrado que también puede ser el arte de reconocer. Y en esa labor de reconocimiento —de voces, culturas y memorias—, Coatzacoalcos no solo avanza, sino que marca el rumbo de una política con sentido humano, social y profundamente veracruzano.

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