- LOS ESTRAGOS, MALOS MANEJOS DE SERGIO GIL RULLAN A ESPALDAS DE DANTE DELEGADO RANNAURO.
Juan Meza.//El Moro.
Fortin, Ver.— La democracia en Veracruz vuelve a ser mancillada. Jesús Flores Vázquez, supuesto ganador de la regiduría primera en este municipio, llegó al cargo bajo la sombra de documentos falsos y un turbio manejo de plazos legales. Las pruebas son contundentes: presentó comprobantes de domicilio apócrifos para acreditar una residencia que nunca tuvo, y se separó de un cargo público apenas días antes de la elección, violando descaradamente la ley electoral.
Este no es un simple error administrativo. Es un fraude calculado, una burla a la voluntad popular. Y lo más indignante: mientras la ciudadanía exige claridad, las autoridades locales actúan con una complacencia sospechosa. ¿Hasta cuándo permitiremos que los mismos vicios se repitan elección tras elección?
Sin silencio cómplice de las instituciones el caso debería estar en manos de la Sala Superior del TEPJF, pero el trámite avanza con una lentitud que huele a complicidad. La magistrada Eva Barrientos Zepeda ha hablado de “pluralidad” y “análisis exhaustivo”, pero las palabras no bastan cuando la ilegalidad salta a la vista.
Mientras tanto, el regidor cuestionado sigue en funciones, como si las leyes fueran meras sugerencias. ¿Dónde está la contundencia del Tribunal Electoral? ¿Por qué no hay una resolución expedita cuando las pruebas de irregularidades son tan evidentes?
En un sistema electoral enfermo este escándalo no es un caso aislado. Es síntoma de un sistema electoral veracruzano plagado de grietas, donde los mismos actores políticos juegan con las reglas a su conveniencia. La impunidad alimenta la desconfianza, y la desconfianza mata la democracia.
Antonio Pulido Tejeda, el ciudadano que impugnó este fraude, merece reconocimiento por su lucha. Pero no debería ser tarea de los ciudadanos exigir lo que las autoridades están obligadas a garantizar: elecciones limpias.
Con la exigencia de justicia, Veracruz no puede permitir otro caso más de impunidad electoral. El TEPJF tiene en sus manos la oportunidad de mandar un mensaje claro: los fraudes no serán tolerados.
La ciudadanía está harta de simulaciones. Exigimos transparencia. Exigimos justicia.
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