En el Chilatole de Hoy: Se fue El Mundo

David Fernández

Ya no es noticia el cierre del diario impreso El Mundo tanto en su tiraje de Orizaba como Córdoba. No tengo nada más que cosas buenas que decir de la gente que conocí ahí: Escalante, Miky, Nacho, Javier Paz (+), Cesár (+) Jesse, Mónica, Gissela, Sergio, Neri, Melcar, Adriana, entre muchos otros y por supuesto, a mi esposa. Aprendí más ahí que en el resto de los diarios en los que he estado y sin duda impulsó mi carrera periodística.
Hasta ahí lo bueno. Un periódico tan importante que creció hasta tener alrededor de 10 sucursales en todo el país, sino es que más, al amparo y guía de su fundador Othón Arroníz, colapsó por una serie de ocurrencias y malas prácticas de los juniors que heredaron el periódico.
Hablar de sus malas decisiones empresariales es remontarnos por lo menos al gobierno del Hugo Chaín Maluly, a quien le declararon la guerra porque no les concesionó los parquímetros, línea editorial que no corrigieron con Juan Manuel Diez. Para cuando quisieron acercarse a Igor Rojí, ya el Ayuntamiento había descubierto que podían vivir sin ellos por lo que se negaron a pagar los estratosféricos contratos que pedían; otra mala decisión fue buscar una diputación por el PAN en el momento en que era evidente que AMLO arrasaría en las casillas. Y no ratificar el camino hasta que se había atravesado el punto de no retorno. Por no señalar los fraudes de los que fue acusado uno de los juniors en Puebla –justo por unos parquímetros-, en ese momento se decía que todo estaba bien, que sólo les habían congelado las cuentas y que por eso no podían pagarles a sus trabajadores, pero desembocó en el cierre de la sucursal de Tehuacán y desde ese momento su caída fue como la de una casa de naipes.
Ojo, que solo hablo de lo que vi y oí, tampoco es que yo sea el biógrafo de la empresa.
Hoy todos tienen cosas buenas que decir de sus ex empleadores, a pesar de que no les pagaron las liquidaciones completas, a pesar de que dejaron de pagar el IMSS e Infonavit de los trabajadores, pero que nunca dejaron de descontárselos; prácticas nocivas como despedir a la esposa de un ex compañero que se atrevió a hacer públicas unas cuantas verdades.
Conocí a trabajadores con tanto miedo que nunca se atrevieron a pedir respeto y otros que perdieron su trabajo por expresar su descontento. Siendo una de las dos únicas opciones impresas en la región, no es como que la de enfrente fuera mejor, pero al menos El Buen Tono es honesto. Sabías que las condiciones laborales eran malas y tú decides si entras o no. El Mundo era una trampa, entre más carrera tenían dentro de la empresa más orgullosos se sentían de ella y más la defendían, aunque RH les dijera despectivamente que “tenían suerte de tener trabajo”. Suerte tienen los herederos de don Othón de quedarse con una página de internet. Su apellido ya no pesa. De su imperio nada queda.
Tengo más anécdotas y chismes sobre esta casa editorial, pero los que los conocen un poco, saben que una de ellos es particularmente vengativa y aunque yo estoy fuera de su alcance, gente a la que aprecio no lo está.

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