Leobardo Sánchez
En tiempos del gobierno de Rafael Hernandez Ochoa en el Estado de Veracruz (1974 – 1980) se daban “dedazos” para designaciones de “candidatos de unidad” por PRI a las presidencias municipales a todo lo largo y ancho de la entidad y no faltaban las inconformidades de grupos disidentes al interior, que pugnaban por determinado personaje.
Fue uno de los casos paradigmáticos en el municipio de Boca del Río donde, por esos años, militantes del tricolor se opusieron a la candidatura de un consentido del gobernador. Por tal imposición se armó un zafarrancho en la cabecera boqueña que hasta “paseaban en burro” al impuesto por el “partidazo”, exigiendo que se diera marcha atrás y se pusiera al que promovían los impulsores del hombre, según ese grupo, era el ideal para que ocupara la alcaldía.
Se recuerda que, ante tal trifulca llegó un enviado “negociador” del CEN del PRI y, palabras más, palabras menos, estando como testigos algunos medios de comunicación locales, se les dijo a los inconformes que apoyaban al no elegido por el gobernador: “damas y caballeros el partido tiene gran estima por su militancia de tantos años, pero la decisión de la elección del candidato ya está tomada por las bases y se acordó que la persona seleccionada es el candidato oficial de unidad. De tal suerte que si ustedes no se disciplinan en torno al candidato oficial, tienen las puertas abiertas para que le busquen acomodo a su candidato en el partido que a ustedes les plazca y pueden emigrar con él al espacio que ustedes decidan, la decisión del PRI ya está tomada, les agradezco sus finas atenciones y se les desea la mejor de las suertes”.
Las caras largas y las miradas compungidas con cuchicheos entre ellos no se hicieron esperar, sin embargo casi al unísono dijeron: “nos disciplinamos con la decisión de las “bases” y nos quedamos en el PRI.
Los decisiones tomadas por la coordinación nacional de la 4T al parecer son tomadas por una sola persona a la vieja usanza del tricolor.
En el caso de la precandidatura para la gubernatura para Veracruz de forma extraña han ignorado las simpatías y el “arrastre” del ex delegado de los programas del Bienestar, incluso, hasta de manera absurda en el cuarteto de seleccionados por Morena destacan personajes que ni jefes de manzana han sido en su barrio.
Los dirigentes guindas no deben caer en los excesos en que cayó el PRI de autoritarismos para imponer a sus allegados y, que, así de esa manera fueron destruyendo desde sus cimientos al partido que gobernó al país por tantos años y por esos excesos fue víctima de su debacle por la que están a punto de desaparecer.
Lo que se rememora del sexenio de Hernández Ochoa es, casi, igual lo que está haciendo el joven partido Morena en Veracruz, que por tratar de adivinar los pensamientos de AMLO se selecciona a personas que si bien reúnen requisitos básicos, no son los mejores representantes del pueblo.
Ojo, en la elección para candidato presidencial se avecina una importante votación para Marcelo Ebrard, pues casi seguro que ya se le ve en otro partido.
Ya ni se quisiera pensar que ocurriera un sismo político y el “Frente Amplio” diera un giro de 180 grados y quitara a la débil Xotchitl Gálvez y en su lugar pusieran a Marcelo Ebrard.
Ya se prevé que con el partido de Dante, Marcelo no ganaría, pero si se iba a poner a temblar Morena sí Marcelo con MC se une al Frente Amplio y ya de pilón, en ese tsunami político se llevará a los inconformes en selección de gubernaturas; entre ellos al exdelegado de los programas federales de Veracruz.
En los mensajes que manda Morena a sus militantes y simpatizantes por las imposiciones que están haciendo en diferentes gubernaturas les estando diciendo casi lo mismo que aquel enviado del CEN del PRI les dijo a seguidores inconformes. Sin embargo la realidad ya es otra y, sería muy temprano para que Morena perdiera la presidencia y las entidades federativas que están en juego.
Morena no debe jugar a parecerse PRI
CD/YC
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