Los enviados de Harfuch

Uno de los retos para este tipo de agentes es encontrar con quién coordinarse en el ámbito local

Una de las incógnitas de la nueva estrategia de seguridad del gobierno federal es la manera exacta en la que Omar García Harfuch y su dependencia están operando. Por momentos, dada la ausencia de una corporación bajo su mando, pareciera que Harfuch es un personaje con encargo, pero sin las herramientas necesarias en el cargo.

Lo cierto es que, a contracorriente y pese al traslado de toda la fuerza operativa hacia el Ejército, ha buscado construir una estructura de inteligencia e investigación criminal, tanto de escritorio como de campo, enfocada en realizar investigaciones contra organizaciones criminales, lograr detenciones y coordinar con la Fiscalía la judicialización de casos.

En primer lugar, parece ya haber tomado pleno control del CNI, antes CISEN, donde ha colocado en posiciones clave a personajes cercanos que le acompañaron tanto en Policía Federal como en la Ciudad de México. El CNI, que en teoría debería hacer inteligencia para la seguridad nacional en todas sus vertientes, ahora estará principalmente enfocado en la investigación criminal.

Pero tal vez lo más importante es que ha logrado desplegar también fuerzas operativas, agentes especiales, en territorio. Particularmente en Sinaloa, Nuevo León y Guerrero.

A Nuevo León, por ejemplo, apenas hace unos días, envió a un grupo de 50 agentes de su dependencia para realizar tareas de investigación criminal con el objetivo de detener a los generadores de violencia que han hecho que en ese estado los homicidios crecieran 42% desde 2021.

Uno de los retos para este tipo de agentes es encontrar con quién coordinarse en el ámbito local. En algunos estados, como en Sinaloa y Guerrero, la desconfianza es natural ante el nivel de penetración del crimen organizado, pero en otros, como Nuevo León, el problema son las disputas políticas entre el gobernador y la oposición, pues el mandatario, que tiene control de la policía, ha buscado hacerse también de la fiscalía.

Sin embargo, contrario a lo que el gobernador Samuel García viene a decir a la Ciudad de México para justificar la inseguridad de su estado, la coordinación entre la Fiscalía de Nuevo León y la Policía Estatal parece que se ha logrado mantener viva a nivel operativo y que los mandos de ambas dependencias continúan trabajando juntos lejos de la mirada de los políticos.

Para Harfuch y su gente, este tipo de colaboración en los estados es clave. Por ello será importante también que pronto aprenda a hacer política con los recursos que están reviviendo en el Sistema Nacional de Seguridad Pública y que López Obrador casi desapareció. Ahí está la zanahoria para poner a trabajar a los estados.

¿Qué podemos esperar de estos esfuerzos? Probablemente, resultados limitados. En el corto plazo, tal vez se logren algunos golpes relevantes al crimen y reducir la violencia en zonas prioritarias, algo no poco encomiable dada la crisis de homicidios y extorsiones que ahí se vive. Sin embargo, si realmente se quiere arreglar el problema estructural, que es el de un Estado débil y desorganizado, pronto tendrá que venir una reforma en materia de seguridad pública y nacional. Poner orden adentro para salir a poner orden en las calles.

Ojalá para eso sirvieran las mayorías del régimen y no para seguir creando un entorno de incertidumbre.

CITA: A contracorriente y pese al traslado de la fuerza operativa al Ejército, ha buscado construir una estructura de inteligencia e investigación criminal, tanto de escritorio como de campo

POR CARLOS MATIENZO
DIRECTOR DE DATAINT

@CMATIENZO

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