En Fortín, la seguridad pública ya no cuida, no protege, no sirve. Ahora dispara. Así, sin más. Sin criterio, sin preparación, sin humanidad. Y mientras la sangre de un joven de 19 años mancha el pavimento, los responsables se esconden detrás de sus escritorios, blindados por la impunidad y su descaro.
La historia es tan absurda como indignante: un muchacho, universitario y deportista, fue asesinado por el simple hecho de cruzarse en el camino de un policía con más plomo en el cartucho que neuronas en la cabeza. ¿El resultado? Un hogar destrozado, una sociedad traicionada y un gobierno que sigue sumido en su incompetencia.
Porque aquí no basta con padecer el desfalco, la corrupción y el abandono. No. También hay que soportar que quienes se suponen nos cuidan sean quienes nos matan. Y todo esto con la venia del flamante alcalde Gerardo Rosales, ese gran estratega de la ineptitud que ha logrado hacer de Fortín un lugar donde la seguridad es un chiste y la justicia, una broma de mal gusto.
Pero esperen, que esto no termina ahí. Detrás de este crimen también están Teresa Contreras Huerta y José Martínez Trujillo, los genios detrás de la seguridad municipal. O mejor dicho, los cómplices de la violencia institucionalizada. Y, por supuesto, el autor material: Zureil Abel Hernández Serrano, nombre que debería quedar grabado en la historia negra de este municipio.
Y mientras Fortín se estremece con el asesinato de un inocente, Alonso, Ixchel y Osmar, los candidatos de Gerardo Rosales, guardan un silencio que huele a complicidad. ¿Dónde están sus declaraciones? ¿Dónde su indignación? Su mutismo es prueba de que representan lo mismo: la cobardía, la indiferencia y la continuidad de un gobierno fallido. Si tuvieran un mínimo de vergüenza política, deberían renunciar a sus aspiraciones y dejar de fingir que pueden representar un cambio.
Pero si de dignidad hablamos, ahí está Orlando Rosas, el regidor encargado de la seguridad, quien debería presentar su renuncia inmediata por pudor y ética. Y ya que estamos en esto, su esposa, la gran desconocida que ahora pretende gobernar algo que evidentemente no sabe manejar, también debería abandonar sus aspiraciones. Porque si su gestión en seguridad ha sido un desastre, ¿qué podemos esperar si llegara al poder?
Y por supuesto, Gerardo Rosales no puede seguir en la presidencia municipal. Su administración ha sido un fracaso absoluto y este asesinato es la prueba más cruel de su incapacidad. No solo ha saqueado las finanzas públicas, sino que ha permitido que Fortín se convierta en un municipio donde la policía mata y la justicia no existe. Si le queda un mínimo de decencia, debería presentar su renuncia de inmediato.
Hoy Fortín llora la muerte de Pablo Ortigoza. Su familia enfrenta un dolor que ningún discurso vacío ni promesa política podrá mitigar. El Grillito Cantor les envía un abrazo solidario y, desde estas líneas, alzamos la voz junto a ellos. Exigimos, en un grito ahogado, JUSTICIA.