- Se arguye que el descubrimiento y destape del robo del siglo, que es el huachicol, fue idea de la presidenta. Que ir en contra de “La Barredora”
Estamos advertidos// RICARDO PASCOE
La Presidenta Sheinbaum ha optado por negar toda versión que insinúe mala conducta de sus camaradas de partido. Su fidelidad a la causa de su partido y a AMLO es admirable. El costo que está pagando por esa devoción, y que seguirá pagando, será su credibilidad política y personal, además del cargo que ostenta. De paso, destruye la imagen y la reputación de México ante el mundo.
En un intento por encubrir sus verdaderas intenciones, la presidenta encargó a sus plumas pagadas convencer al círculo rojo de que todo lo que sucede en el entorno político nacional es producto de un diseño inteligente y audaz de su personal gestoría. Se argumenta que es una muestra de valentía y fuerza de la voluntad presidencial, porque son misiles dirigidos contra actores de su propio movimiento, no en contra de la oposición.
Se arguye que el descubrimiento y destape del robo del siglo, que es el huachicol, fue idea de la presidenta. Que ir en contra de “La Barredora”, esa mafia originaria de Tabasco, también salió como instrucción de la Presidencia. Que la intención de enviar a Adán Augusto López como embajador a Francia surgió de una reunión en Palacio Nacional.
¿Cuál era la estrategia? Empezar a barrer de arriba para abajo. Eso es lo que dicen las plumas pagadas, cuyo intento de glorificar la brillantez de pensamiento estratégico de la presidenta choca frontalmente con la realidad, incluso de los propios dichos presidenciales.
Mientras las plumas pagadas explican una realidad, ocurre otra. La Presidenta Sheinbaum emplea las “Mañaneras del Pueblo” para negar todos los señalamientos que se escuchan sobre miembros, importantes o desconocidos, de su movimiento. Reconoce “con honestidad y valentía” su desconocimiento de importantes acontecimientos en la nación. No sabe de acusaciones sobre miembros de cárteles del narcotráfico que son de su partido o su gobierno, no sabe a quiénes les quitaron visas de Estados Unidos, no sabe cómo y cuándo empezó el huachicol, jura y perjura que AMLO y sus hijos son honestos sin aportar un solo dato sobre las acusaciones que pesan sobre ellos, como tampoco sabe qué cuesta la custodia que recibe AMLO de militares, transporte, inteligencia y protección doméstica en su casa en Palenque.
En su momento, AMLO decía que el Presidente de la República es la persona mejor informada del país, enterado de todo lo que sucede y porqué. Sheinbaum es la presidenta que hace gala de su desinformación y desconocimiento de virtualmente todo lo que ocurre en el país. Casi todo lo que sucede es una sorpresa para ella. Todos los días niega saber algo sobre cualquier tema.
Es la Presidenta Sheinbaum, por tanto, quien está reducida a ser la “Negadora en Jefe” del Estado mexicano. Niego todo, absolutamente todo. Deslinda a todos sus partidarios de toda responsabilidad de actos de corrupción, de negligencia y de obtener “beneficios indebidos” por sus acciones y decisiones de gobierno. Ningún morenista, dentro o fuera del gobierno, es capaz de una acción deshonesta, según la presidenta.
La nación nunca había sido, simultáneamente, tan limpia y tan impía a la vez. El escándalo del huachicol es, sin duda, el desfalco más grande en la historia de la República mexicana.
Y ocurre bajo la mirada de AMLO y Sheinbaum. El escándalo de la Casa Blanca de Peña Nieto es cosa de niño de párvulo frente al robo de siglo en el área de Pemex y el huachicol, cometido por morenistas. Aún así no se salva Peña Nieto. Sheinbaum usa la “Mañanera del Pueblo” para limpiar de pecados a AMLO, sus hijos, la Marina, SEDENA, Morena, diputados y senadores de su partido, incluso el narco.
Los bendice. ¿Pero es suficiente para que el pueblo le crea a su bendición? Ella cree que con su nivel alto de aprobación, el público le aceptará cualquier cosa que diga, verdad o mentira. Por eso miente con regularidad alarmante.
El intento de hacer dos operaciones políticas contradictorias y simultáneas es audaz, pero resultará fallido. Se quiere convencer al círculo rojo (léase, principalmente a Estados Unidos) de que hay, en curso, una operación de limpieza a fondo en el Estado mexicano.
Para eso sirven las plumas pagadas, que infructuosamente quieren hacer verosímil la narrativa de que la presidenta está operando un “golpe en la mesa” contra los elementos corruptos dentro de su propio partido. Una presidenta audaz y valiente, lejos de la imagen de una mandataria domada y controlada por los corruptos y radicales dentro de Morena.
Al mismo tiempo, Sheinbaum exorciza a todos los miembros de su partido de sus pecados y asegura que todos queden exentos de cualquier responsabilidad de corrupción. Y para ello, emplea el recurso de afirmar que no tiene datos que corroboran las asociaciones delictuosas de nadie en Morena. En ese partido, que han contado, desde 2019, con la facultad de limpiar los pecados de los pecadores de antier, nadie es responsable de nada, y también nadie delatará a nadie. Opera, como en las mafias más afamadas, la omertá como compromiso de silencio y no-delación entre sus integrantes. Morena es una mafia criminal bien aceitada. Y en eso de la omertá, Sheinbaum brilla como estrella.
AMLO transformó a Morena y su gobierno en un cártel. Ahora todos conforman el pacto criminal, y están jurados a la complicidad y al silencio. La genialidad de AMLO fue crear y consolidar esa estructura criminal, incluyendo a Morena, gobierno, fuerzas armadas, empresarios y el cártel de Sinaloa.
Su intención es crear un nuevo bloque gobernante, con alcance histórico. En términos marxistas, ejecutó un golpe de Estado en contra de la burguesía dominante e incrustó en el poder a su propia burguesía, ahora con rasgos populares para darle raíces en organizaciones sindicales y campesinas. Pero lo fundamental es que ahora gobierna México una nueva burguesía, firmemente anclada en la criminalidad. Se instaló en México un nuevo bonapartismo, sui generis, por cierto.
La operación “dual” de Sheinbaum, de fingir un ataque duro a la criminalidad, pero en realidad avanzando en la consolidación de los rasgos criminales de su propio gobierno, está destinada al fracaso. En primer lugar porque la realidad ejecuta su propio desmentido de los hechos. Negar los hechos demerita a la presidenta y le gana desprestigio, no mayor reconocimiento. Puede mentir diez o veinte veces, pero la realidad siempre se impone. En segundo lugar, porque hay que encontrar al ingenuo que le va a creer semejante embuste.
Ni amplios sectores de clases populares o medias, intelectuales, medios de comunicación ni empresarios honestos creen en la narrativa que les ofrece el gobierno.
Incluso, la visita del Primer Ministro de Canadá fue una muestra de que le puedes mentir a algunas personas varias veces, pero no puedes mentirles a todos todo el tiempo. Y menos si vienen de extrajero y en visita de cortesía. Si México no se comporta con sus socios comerciales como un país con un Estado de derecho consolidado y recto, libre de la intervención de elementos criminales, corre el riesgo de que se le cancele su participación en el T-MEC. Algo parecido, pero dicho diplomáticamente, advirtió el canadiense durante su visita a Palacio Nacional. Para que no se escuchara ese mensaje en México, no le pusieron traducción simultánea al canadiense en la conferencia de prensa.
No hay espacio ni tiempo para más engaños. El intento de engañar con la narrativa de un ataque a la criminalidad, pero con la aviesa intención de seguir protegiendo a los criminales de la casa, no llevará a nada excepto la intensificación del aislamiento internacional de México, mientras su deriva hacia el autoritarismo interno se acentúa. Si la reforma electoral avanza, será la señal de que el propósito de la presidenta es consolidar el régimen criminal en México, como necesidad para la supervivencia del partido Morena en el poder.
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