La caída de Verónica Hernández Gadians, el fin de una fiscal impuesta

LA CAÍDA DE VERÓNICA HERNÁNDEZ GADIANS, EL FIN DE UNA FISCAL IMPUESTA POR EL FOUCHÉ DE OTATITLÁN, EL GENIO TENEBROSO VERSIÓN TERCERMUNDISTA.

Alejandro Ortiz Batista.//Lentes Políticos.
El Moro.

Xalapa, Ver.- La justicia, esa entelequia que en México suele ser más un instrumento de poder que un garante de derechos, ha cobrado una nueva víctima en sus propias filas. Verónica Hernández Gadians, fiscal impuesta por el temible arremedo de Fouché oriundo de Otatitlán, Erick Cisneros Burgos, ha sido suspendida y será investigada. Su nombre quedará marcado en la historia negra de Veracruz como la operadora jurídica que encarceló a centenares de disidentes bajo el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez.

Hernández Gadians no fue una funcionaria cualquiera. Su ascenso no respondió al mérito, sino a la lealtad incondicional hacia Cisneros Burgos, el hombre que desde las sombras tejió una red de persecución política en el estado. Bajo su mandato, la fiscalía se convirtió en un brazo represor: periodistas, activistas y opositores fueron encarcelados bajo cargos fabricados, mientras la impunidad protegía a los verdaderos delincuentes.

Ahora, su caída no es casualidad. Es el resultado de un sistema que, tarde o temprano, termina devorando a sus propios operadores. Las denuncias en su contra, acumuladas por años, han logrado lo que parecía imposible: que una figura protegida por el poder enfrente, al menos en el papel, un proceso de rendición de cuentas.

Pero la pregunta que flota en el aire es inevitable: ¿Se trata de una purga interna, un ajuste de cuentas entre élites, o el inicio de una verdadera depuración? Veracruz, tierra manchada por la sangre de sus periodistas y la injusticia de sus tribunales, ha visto antes cómo los verdugos de ayer se convierten en los mártires de hoy, sin que la justicia llegue jamás a las víctimas.

Mientras Hernández Gadians enfrenta el proceso, los cientos de veracruzanos encarcelados bajo su gestión siguen esperando una reparación. Su caso no es solo el de una fiscal caída, sino el de un sistema que sigue intacto, listo para repetir sus abusos con nuevos nombres. La justicia, si es que existe, deberá ir más allá de un solo funcionario. De lo contrario, esto no será más que otro episodio de la eterna farsa.

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