- YUNES MÁRQUEZ, EL HIJO DEL EXGOBERNADOR ESTUVO EN LA MIRA; JESÚS FLORES VAZQUEZ, EL ESTAFADOR DE POCA MONTA. LOS DOS VIOLARON LA MISMA LEY, JESÚS FLORES VAZQUEZ, PREMIADO Y SIN CASTIGO.
Alejandro Ortiz Batista.//Lentes Políticos.
En Veracruz, el escenario político se tiñe de hipocresía y desesperanza. Los casos de Miguel Ángel Yunes Márquez y Jesús Flores Vázquez, conocido como *la Muñeca Fea*, son representaciones fieles de cómo la justicia, en lugar de ser un baluarte insobornable, se convierte en un instrumento moldeable, utilizado a conveniencia de quienes controlan el poder.
Empecemos por Yunes Márquez, un hombre que carga con el peso de un ilustre apellido y una carrera política manchada por acusaciones de corrupción. Bajo el abrigo del gobierno de la Cuarta Transformación (4T), se le emitió una orden de aprehensión por supuestos delitos de falsificación de documentos, en relación con su intención de postularse a la alcaldía de Veracruz. Este movimiento no es solo un acto de justicia; es también un golpe de efecto en una lucha política que parece más dirigida a desacreditar a la oposición que a restaurar el orden jurídico.
Mientras tanto, en otra esquina de esta arena política se encuentra Jesús Flores Vázquez, un estafador de poca monta cuyo nombre rara vez resuena en la prensa pero cuyo modus operandi refleja las mismas violaciones a la ley que enfrenta Yunes. Flores ha estado involucrado en la manipulación de documentos y ha burlado a las autoridades sin que nadie lo persiga con la misma vehemencia que a su contrapartida más conocido. Si ambos hombres son ciudadanos y han cometido delitos similares, ¿por qué la balanza de la justicia se inclina tan desproporcionadamente hacia un lado?
La administración de la 4T parece más interesada en hilar tramas mediáticas que en ejecutar la justicia. ¿Es este el tipo de justicia que se prometió al pueblo mexicano? Al concentrar sus esfuerzos en figuras prominentes como Yunes, mientras ignoran a los ladrones de segunda como Flores Vázquez, el gobierno no solo alimenta una sensación de arbitrariedad; también establece un precedente peligroso donde la ley se aplica de acuerdo con criterios que no son transparentes ni equitativos.
La victimización que sufre Yunes, arraigada en su historia familiar y su posición en la oposición, podría ser vista como un intento de justificar la persecución a los miembros de ciertos grupos políticos, mientras que ciudadanos menos relevantes y peligrosos, como *la Muñeca Fea*, siguen sueltos, burlándose de un sistema que debería sancionar a todos por igual.
Veracruz no solo necesita un cambio en sus funcionarios; necesita un cambio en la mentalidad que predomina en su administración de justicia. Si la ley se sigue aplicando a modo, si sigue siendo un mero instrumento de un juego político, los veracruzanos solo pueden esperar frustraciones y desencantos. La justicia que no se aplica de manera equitativa no es justicia, y el pueblo, cansado de promesas vacías, exige, por lo menos, que la ley no sea un artilugio al servicio de intereses ajenos a sus verdaderas necesidades.
Es un reto que enfrentan los veracruzanos, una tarea que les toca llevar a cabo en la búsqueda de un verdadero cambio, donde las instituciones sirvan al pueblo y no a los intereses de unos pocos. La única pregunta que queda, entonces, es si están dispuestos a luchar por ello.

