El PRI: La simulación como método y la muerte como destino

Por si estaban con el pendiente…//QUETZALLI HERNÁNDEZ

Lo ocurrido este fin de semana en el PRI estatal no fue un proceso democrático ni un ejercicio de renovación política, fue una simulación y el preámbulo de la muerte de un partido donde lo que existe no es unidad, sino imposición.

Una sola fórmula registrada para dirigir el partido, encabezada por el actual presidente Adolfo Ramírez Arana y acompañada como secretaria general por Carolina Gudiño, confirma que en el tricolor las decisiones no se toman en las bases, sino en las oficinas del Comité Ejecutivo Nacional donde no es Veracruz lo que importa.

La permanencia de Ramírez Arana y la llegada de Carolina Gudiño no es gratuita ni casual, se trata del pago de una factura política que quedará saldada en 2027 con candidaturas plurinominales a la diputación local.

El mensaje es claro: en el PRI no ascienden quienes construyen partido ni quienes ganan elecciones, sino quienes son funcionales a la narrativa del poder interno.

El PRI logró en las pasadas elecciones un inesperado respiro, sin embargo, la sentencia de muerte sigue vigente, y con dirigentes como los que hoy se imponen desde el centro del país, no hay señales de que el PRI pueda remontar su posición, por el contrario, el panorama rumbo a 2027 es preocupante y aunque actualmente cuenta con dos diputaciones locales, podría quedarse con solo una… o ninguna.

Y no es que el PRI no se haya podido salvar, es que no quieren salvarlo, el partido sí tiene cartas fuertes, perfiles con experiencia, arraigo y capacidad para dar la pelea electoral y hacer un papel digno pero, esas voces fueron ignoradas y bloqueadas; el control férreo del Comité Nacional, obsesionado más con preservar cuotas y lealtades que con ganar elecciones, impide cualquier intento serio de reconstrucción del partido en Veracruz.

Mientras el PRI siga apostando por la simulación como método y por los acuerdos cupulares como estrategia, no habrá renovación posible y un partido que no se renueva, no se escucha y no compite, está condenado no solo a perder elecciones, sino a desaparecer y eso es lo que le espera al PRI en Veracruz.

A la cúpula priísta no le interesa que el PRI vuelva a ser competitivo, porque si la intención fuera esa, no habrían cerrado las puertas a perfiles como el de Ponciano Vázquez Parissi, con quien el PRI pudo consolidar su estructura territorial, reforzar la imagen del partido y mejorar su percepción pública.

Ponciano Vázquez habría representado la renovación generacional dentro del PRI, atrayendo a militantes más jóvenes y buscando deshacerse del lastre que le ha representado al partido mantener a los mismos y viejos perfiles que la gente ya no tolera y entonces, reconectar con nuevos votantes.

Frenar la llegada de Ponciano a la dirigencia del PRI en Veracruz fue un desacierto que le puede traer serios problemas al partido y es que, otros institutos políticos ya buscan que Ponciano Vázquez se integre a sus filas pues saben que los Vázquez Parissi son garantía de triunfo y que el PRI está agonizando.

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