En Fortín, Gerardo Rosales concluye su administración morenista con deudas.

  • Alfonso Marín Delfín, emecista llega corrompido, fracturado y con manos amarradas por “sus acuerdos

Diana Bustamante

Fortín, Ver.- En Fortín, el cambio político administrativo, no llega con esperanza, sino con ruido, reclamos y viejas prácticas que se niegan a morir.

El gobierno saliente de Gerardo Rosales, emanado de Morena, concluye envuelto en escándalos, deudas heredadas y el hartazgo ciudadano. Un cierre de administración que deja más preguntas que respuestas y un municipio cansado de promesas incumplidas.

Pero lo más preocupante es que el gobierno entrante de Alfonso Marín ni siquiera ha tomado protesta y ya está atrapado en el mismo lodazal político que tanto se criticó en campaña.

Hoy, las redes sociales son el campo de batalla. Los ataques se concentran en Heriberto Martínez, “Burrito Martínez”, político identificado con el PRI, ampliamente conocido en Fortín y con una trayectoria que supera la del propio alcalde electo.

La descalificación es abierta, constante y sin filtros.

Resulta irónico que durante la campaña electoral, los operadores digitales ligados al alcalde electo no tuvieron piedad del entonces candidato de Morena ni de su equipo. La guerra sucia, los señalamientos y los chismes convirtieron la política local en un lavadero de vecindad, más cercano al pleito personal que al debate de ideas.

Hoy, ese mismo método se revierte: los ataques ahora son internos, dirigidos al propio equipo del alcalde electo, donde Heriberto Martínez es claramente una figura incómoda y no aceptada.

A esto se suma un hecho que no pasa desapercibido: desde junio a la fecha, varias personas que caminaron y defendieron la campaña de Alfonso Marín hoy están enfrentadas o decepcionadas.

Acuerdos rotos, promesas incumplidas y rupturas evidentes, como el caso del empresario y filántropo Antonio Pulido “Marbellas”, quien apoyó incondicionalmente al candidato tras la promesa de la regiduría primera… promesa que nunca se concretó.

El desencanto es evidente.

Quienes antes aplaudían, hoy cuestionan.

Quienes defendían, hoy critican.

Y en redes sociales, el discurso cambió radicalmente: la esperanza se transformó en preocupación.

Todo esto, antes incluso de rendir protesta.

Fortín no solo enfrenta el desgaste de un gobierno que se va mal, sino la incertidumbre de uno que llega dividido, confrontado y con el respaldo ciudadano en caída libre.

Y eso que… todavía no gobierna.

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