Historias de Acayucan de Ayer

Libro: El dedo de Aleman

Autor:Carlos Guillen Tapia

A Manuel López Guillén, la presidencia municipal

Tampoco ninguna dificultad hubo para que el hombre fuerte, don Rubén B. Domínguez, propusiera al licenciado Alemán al sucesor de Tomás Mortera, resultando escogido el profesor Manuel López Guillén, quien ascendió al poder municipal el primero de diciembre de 1953.

López Guillén era un joven normalista que, oriundo de esta ciudad, tenía fama de poeta y venía procedente de Papantla donde había fungido como tesorero del vainillero municipio.

Si bien no se recuerdan obras materiales de importancia durante su trienio, sí propició la fundación de la Escuela Secundaria Federal que en un principio fue de cooperación y que funcionara en una vieja casa de ladrillo y tejas que estuvo ubicada en lo que hoy es la esquina de las calles de Ocampo y Victoria y que fue donde estuvieron los servicios médicos de Salubridad que en el pueblo se conocía como “la sanidad”, edificio que terminó cayéndole encima al propio director que era precisamente el profesor López Guillén, quien se salvó de una muerte segura por un verdadero milagro.

Debido a este accidente, López Guillén se enfermó y no pudo asumir el cargo en la fecha prevista por lo que la presidencia municipal fue asumida en forma interina y por unos meses por el síndico Benigno Mendoza, quien al restablecimiento del titular le hizo entrega formal del cargo.

El acayuqueno clásico, todavía en esa época no terminaba de asimilar el cambio de aldea al de una nueva ciudad -a la que por cierto le hacían falta hoteles de primera, aeropuerto, centros de diversión y otros-, que se estaba formando a pasos acelerados: sentados en cómodas mecedoras a la sombra de los amplios corredores de sus casas, después del medio día dormían la siesta sin mayores preocupaciones por lo que los reclamos de obras materiales a las autoridades municipales de hecho no existían, como tampoco existían las hoy llamadas colonias populares, ya que únicamente la población estaba dividida en los barrios de: Zapotal, Tamarindo, Barrio Nuevo, San Diego, Cruz Verde, La Palma y Tronconada.

Durante su administración López Guillén funda la Biblioteca Pública Municipal que por acuerdo del Cabildo se le puso el nombre de Rubén B. Domínguez, que hasta la fecha sigue llevando.

Por el rumbo donde ahora se localiza el CBTIS se había venido utilizando una superficie de terreno que era conocido por los lugareños como la “mataiza”, lugar donde eran sacrificados los animales vacunos destinados al abasto público. De ese lugar los carniceros o nacateros, que también así les llamaban, trasladaban la carne a lomo de caballos o mulas que entregaban a quienes la comercializaban en el mercado municipal.

Como esta forma de traslado de la carne destinada al consumo humano no tenía nada de higiénico, López Guillén adquirió una camioneta de doble tracción a la que se le enganchó una caja de madera forrada de lámina que era en la que se traía la carne hasta el mercado. Posteriormente y en esta misma administración se construyó el rastro municipal que fue ubicado al final de la calle Corregidora, donde hasta ahora funciona no obstante lo obsoleto que resulta y el peligro de infección que representa para las familias que por ese rumbo residen.

Por cierto que esa camioneta también por la mañana era utilizada igualmente, equipada con otro remolque, en prestar un incipiente servicio de limpia pública principalmente en las calles del primer cuadro de la población y además por las noches era ocupada por el comandante de la policía para efectuar con sus policías sus recorridos por las calles de Flores Magón que era donde se estableció la llamada zona de tolerancia y donde funcionaban, casi a espaldas del panteón, los prostíbulos de “tía Oli” y “El Cafetal”.

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