Federico Salomón por fin se va, así gris como llegó

Después de prolongar su permanencia en la dirigencia estatal del PAN por año y medio más de lo previsto, finalmente Federico Salomón Molina dejará la presidencia del Comité Directivo Estatal. No se va por decisión propia ni por una evaluación interna de su gestión, sino porque el Comité Ejecutivo Nacional decidió que era momento de renovar la dirigencia en Veracruz.

Su paso por el partido estuvo marcado por un liderazgo gris, sin rumbo claro para la oposición en el estado y sin capacidad para construir una estrategia política frente al oficialismo.

Durante su dirigencia incluso designó como coordinador del grupo legislativo a un diputado que ha demostrado ser todo menos oposición y que además es uno de los más faltistas del Congreso del Estado, debilitando aún más la presencia política del PAN en el Poder Legislativo.

Federico Salomón Molina deja al PAN veracruzano sin rumbo político, con deudas, con una estructura debilitada y con una militancia inconforme por las decisiones tomadas desde la dirigencia.

Ni siquiera fue capaz de retener a los pocos alcaldes que el PAN logró ganar, y en el caso de las regidurías el panorama es aún más grave. De más de dos mil aspirantes en todo el estado, la dirigencia estatal apenas postuló 51 panistas en la regiduría primera, mientras la mayoría de las posiciones fueron ocupadas por amigos y pagos políticos, debilitando aún más al partido.

Antes de irse, además, pretende dar las últimas estocadas al PAN: promovió que más de la mitad de los comités municipales fueran bajados a delegaciones, lo que en los hechos impide que esos municipios participen con voto en la renovación de la dirigencia estatal, con un padrón de más de 27 mil panistas solo quedaría la decisión en 100 consejeros estatales afines a Salomón, mientras el militante saca las campañas adelante Federico decide seguir repartiéndose al PAN como si fuera un botín de pluris y regidurias. Pobre panismo veracruzano.

El objetivo parece claro: evitar que la militancia decida.

El temor de perder el control del partido es evidente. Federico Salomón y Enrique Cambranis han convertido al PAN en un instrumento de supervivencia política personal, intentando impedir que los militantes voten libremente en la elección de la nueva dirigencia.

Saben que su desempeño ha sido desastroso y que una elección abierta a la militancia pondría fin al control que han ejercido durante años sobre el partido.

Su dirigencia también queda marcada por los resultados electorales: uno de los peores desempeños del PAN en elecciones municipales recientes, donde el partido terminó en un lejano tercer lugar y con cada vez menos presencia territorial.

Además, Federico Salomón Molina se va con su nombre inscrito en el registro nacional de personas sancionadas por violencia política en razón de género, lo que le impedirá aspirar a candidaturas durante los próximos meses.

Se va como llegó: por circunstancias, sin consenso y sin trascendencia política, dejando a un PAN veracruzano dividido, debilitado y con el enorme reto de reconstruir su rumbo

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