Por: Irving Mávil
Xalapa.- Ya sea de día, de noche, en el centro o la periferia, las peleas entre conductores están a la orden del día, y es que cada vez son más frecuentes los reportes por conflictos de tránsito que terminan en agresiones físicas.
Entre las posibles causas que propician estos altercados se encuentra desde haber tenido un mal día, alguna emergencia, o el simple hecho que haya mucho tráfico, situaciones que desatan la llamada ira del camino o road rage.
La conducción agresiva y la imprudencia de los ciudadanos, que se conjuntan con el mal manejo de las emociones son una bomba de tiempo, que en estos casos explota en plena vía pública. “La ira por sí misma no es mala, se vuelva mala o negativa en el momento en el que resulta inadaptativa en un contexto. El problema es cuando el enojo se manifiesta en contextos donde es susceptible de lastimar a otras personas”, explicó el psicólogo Iván López Rincón.
Para que estas situaciones se presenten se necesita del detonante y aunque uno de los involucrados puede convertirse en una víctima, su necesidad de autopreservación, lo lleva a responder el ataque. “La auto protección implica necesariamente detener a alguien más, el autocuidado tiene que ver con poner barreras o empujar lejos de nosotros aquello que nos lastima”, seña{ó López Rincón.
Javier Lara, paciente de manejo de ira compartió, “como he estado aprendiendo en lo últimos años, que es retirarme y empezar a hacer respiración y todo eso empiezo a sentir literalmente, que algo horrible me va a pasar”.
La psicoterapeuta Marta Susana Gomez, comparte algunos síntomas de un ataque de ira, “el corazón se acelera, se me seca la boca, empieza a latirme la cabeza, la sien, empieza a darme latidos como que me va a estallar la cabeza, me pongo rojo, me transpiran las manos, ese es un ataque de ira a nivel físico”.
Cuanto una persona logra controlar sus emociones, evita tener una reacción que desencadene una respuesta negativa y posiblemente violenta, lamentablemente no todas las personas tienen la capacidad de hacerlo.
Una emoción mal gestionada puede ser la causa de accidentes, peleas o lesiones de gravedad, por lo que ser responsables para entender esa obligación social y moral, no depende de nadie más, más que de nosotros mismos.