¿Quién traicionó a Sheinbaum?

Por Evelyn Hernández

El reciente tropiezo legislativo de Morena dejó al descubierto algo más profundo que una simple falla de operación política: evidenció una fractura creciente dentro de la coalición que llevó al poder a la llamada Cuarta Transformación. Cuando los diputados federales “se salieron del huacal”, el mensaje fue claro: la disciplina política ya no es la misma y la relación con los aliados comienza a tensarse peligrosamente.

El rompimiento entre Morena y sus socios tradicionales —el Partido Verde Ecologista de México y el Partido del Trabajo— no surgió de la noche a la mañana. Se fue gestando en la medida en que el partido gobernante comenzó a tomar decisiones sin consultar a quienes, durante años, han sido piezas clave para sostener mayorías legislativas y triunfos electorales.

La inconformidad se agudizó durante la reciente asamblea nacional de Morena, donde no se tomó en cuenta a los aliados para discutir la definición de candidaturas rumbo a 2027. Ni siquiera hubo un espacio para analizar, de manera conjunta, cómo fortalecer la alianza electoral entre las tres fuerzas políticas. La percepción que quedó fue la de una decisión unilateral, marcada por la soberbia política.

El resultado hoy se traduce en un riesgo real: que la coalición que ha sostenido a Morena en el poder comience a resquebrajarse. Y si eso ocurre, el partido gobernante podría enfrentar un escenario mucho más complejo, tanto en el Congreso como en las urnas.

El tropiezo legislativo que se intentó corregir evidenció además la falta de operación política a nivel nacional. También dejó al descubierto que muchos gobernadores y gobernadoras no tienen control pleno ni siquiera sobre sus propios diputados federales, mucho menos sobre los de otros partidos aliados. En pocas palabras, la reforma electoral no se supo operar.

En este contexto, el llamado “plan B” podría abrir la puerta a un nuevo escenario de presiones y negociaciones en el Congreso, donde los partidos de minoría y la oposición buscarán sacar ventaja. La política, al final, siempre encuentra espacios para el chantaje parlamentario cuando la mayoría deja de ser sólida.

La pregunta inevitable es: ¿quién traicionó realmente a la presidenta Claudia Sheinbaum? La desobediencia de los aliados parece más que un simple desacuerdo. Para algunos dentro del propio movimiento, la responsabilidad también recae en la dirigencia nacional de Morena.

La figura de la presidenta del partido, Luisa Alcalde, comienza a ser señalada por sectores internos que consideran que la conducción política del movimiento necesita ajustes urgentes. Cuando los aliados se rebelan y los legisladores se desmarcan, alguien debe asumir la responsabilidad.

En Veracruz, por ejemplo, el escenario refleja con claridad las tensiones que atraviesa la coalición. Morena busca concentrar las posiciones más importantes en las próximas elecciones, dejando al Partido del Trabajo y al Partido Verde candidaturas de menor peso político. Sin embargo, en los distritos más competitivos ya comienzan a tejerse las designaciones que definirán el mapa electoral.

Dentro del Partido Verde tampoco hay plena estabilidad. Entregar más candidaturas al grupo político de Javier Herrera significaría fortalecer su presencia en el estado, algo que Morena observa con cautela. Hacer crecer al hijo del exgobernador Fidel Herrera mediante nuevas posiciones políticas podría convertirse, desde la óptica morenista, en un factor de riesgo para el gobierno estatal de Rocío Nahle.

Por su parte, en el Partido del Trabajo también existen tensiones internas. La presencia de figuras como la diputada Elizabeth Morales refleja que el partido enfrenta sus propios reacomodos políticos. Morena, por ahora, no parece dispuesta a ceder más espacios.

El antecedente tampoco es menor: en la pasada elección Morena perdió posiciones importantes en Veracruz, lo que encendió focos de alerta sobre el futuro electoral del partido en la entidad.

Si la fractura que hoy se observa en Veracruz se replica en otros estados, Morena podría enfrentar un escenario mucho más complejo de lo que hoy se quiere admitir.

Porque en política las alianzas no se rompen de un día para otro. Primero aparecen las señales, luego las tensiones… y finalmente las rupturas. Y hoy, esas señales ya están sobre la mesa.

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