José Antolín Montero Alpírez no era solo un médico.

  • Era historia viva de esfuerzo. Era ese tipo de persona que no nació con privilegios, pero decidió levantarse todos los días para hacer algo bueno con su vida… y con la de los demás.

(@vanguardiapozarica). – Mientras muchos se rinden, él ayudaba. Mientras otros se quejan, él servía. Mientras la vida le exigía, él respondía. No necesitaba superpoderes para salvar vidas. Le bastaban sus manos, su conocimiento y su vocación.

Y eso —precisamente eso— es lo que más duele, porque en una ciudad donde la oscuridad parece imponerse, él era luz…en sus actos, en su vocación, en su forma de vivir. La prueba viva de que lo bueno aún resiste… y de que rendirse nunca fue una opción.

Y unos cobardes… nos lo quitaron. Se lo llevaron con violencia, con saña, con una crueldad que no solo destruye un cuerpo… destruye la tranquilidad de toda una ciudad.

Pero esas bestias —no se les puede llamar de otra forma— no pudieron llevarse todo. No pudieron llevarse su historia. No pudieron llevarse su ejemplo. No pudieron llevarse lo que representaba. Porque hay personas que trascienden incluso cuando ya no están…y él es una de ellas.

Sin embargo, tampoco nos engañemos. Esto no es un hecho aislado. No es mala suerte. No es coincidencia. Es el resultado de algo que lleva años pudriéndose. Y aquí hay que decirlo claro: No es solo el crimen organizado. Son también todos los que lo permitieron. Los de antes… y los de ahora. Los que miraron hacia otro lado. Los que simularon. Los que prefirieron discursos en lugar de resultados. Porque cuando una ciudad llega a este punto, no es por un día. Es por años.

Y lo más grave es esto: No les importamos ni a los de antes ni a los de ahora. Nos han querido dividir. Nos han hecho pelear entre nosotros. Nos han hecho elegir bandos… mientras ellos se llenan los bolsillos, la realidad nos sigue golpeando todos los días.

Sí, Ada Rodríguez, estuvo muy bonito el desfile. Muy impresionantes los drones y muy bien los espectáculos, ¿pero sabe qué? Preferimos mil veces que el Dr. Montero siguiera con nosotros y vivir en una ciudad donde la gente buena no tenga que sucumbir así.

Y vienen las preguntas incómodas: ¿Cómo es que para un maestro que se estaciona frente a una tienda Alvisar Express sí hay respuesta inmediata? ¿Cómo ahí sí aparecen rápido policías? ¿Cómo ahí sí hay “valentía”? ¿Y para esto? ¿Para esto no? Y Fiscalía General del Estado de Veracruz ¿De verdad hay que exhibir a sus fiscales para que finjan que hacen algo?

Si hay quienes aún quieren aplaudir, que lo hagan… que sigan con su falta de dignidad y sumisión. Nosotros no estamos para rendir pleitesía ni para agacharnos, estamos para exigir. Porque Poza Rica no necesita más aplausos: necesita autoridades que dejen el discurso y se pongan, de una vez por todas, a trabajar.

Nuestra comunidad está herida porque no sólo despedimos a un gran médico. Despedimos a un hombre que representaba lo que esta ciudad todavía puede ser… si no dejamos que el miedo y la indiferencia nos terminen de destruir. Ya no podemos seguir divididos, ni seguir normalizando esto o seguir esperando, porque si no hacemos algo, mañana no será noticia sino costumbre.

Descanse en paz, honorable Dr. José Antolín Montero Alpírez. A usted no lo define la forma en que le arrebataron la vida… lo define la manera en que la vivió: con entrega, con dignidad y con un propósito. Su legado, su ejemplo, lo que sembró en los demás… eso permanece. Y mientras viva en quienes lo recuerdan y en quienes inspiró, seguirá siendo parte de lo mejor que define a Poza Rica.

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