Encuentran un espectacular cementerio de ballenas a 7.000 metros de profundidad

  • Una expedición científica en el océano Índico ha localizado cientos de fósiles y esqueletos de cetáceos en una gigantesca fosa abisal que lleva activa más de 5 millones de años y que hoy sigue alimentando ecosistemas desconocidos.
  • Este glaciar en retroceso ha descubierto un cementerio de ballenas prehistóricas

Por Sergio Parra

(nationalgeographic.com.es). – Un equipo de científicos ha confirmado que una inmensa fosa del océano Índico podría albergar cerca de 10 millones de restos de ballenas, convirtiéndose en el cementerio de cetáceos más antiguo y profundo descubierto hasta la fecha. El hallazgo, localizado a profundidades de hasta 7.001 metros, revela un fenómeno biológico y geológico sin precedentes.  

La investigación, publicada en la revista científica Nature⁠, documenta la presencia de centenares de esqueletos distribuidos a lo largo de la fractura Diamantina, una vasta región submarina situada al suroeste de Australia. Lo más sorprendente es que este gigantesco camposanto no pertenece únicamente al pasado: continúa recibiendo cadáveres de cetáceos en la actualidad. 

Como si el fondo oceánico hubiera conservado durante millones de años una memoria silenciosa de la vida marina, los huesos de estas ballenas narran una historia extraordinaria sobre la evolución, la muerte y la persistencia de la vida en los lugares más inhóspitos del planeta.

El descubrimiento de una necrópolis submarina sin precedentes

Durante varias inmersiones realizadas en 2023 por investigadores chinos, italianos y neozelandeses, un sumergible exploró aproximadamente 1.200 kilómetros de la fractura Diamantina. Lo que encontraron superó cualquier expectativa previa: 485 restos identificables de cetáceos dispersos por el lecho marino, muchos de ellos excepcionalmente bien conservados.  

Los análisis permitieron establecer que algunos de estos restos pertenecen a especies extinguidas hace millones de años, mientras que otros corresponden a animales fallecidos en tiempos relativamente recientes. Los investigadores calcularon una densidad cercana a los 760 individuos por kilómetro cuadrado, una cifra extraordinaria para un ecosistema tan profundo.

Pero hay un detalle que desconcierta a los científicos: al extrapolar esa densidad a los aproximadamente 14.000 kilómetros cuadrados de la fosa, el número potencial de esqueletos alcanzaría los 10 millones de ejemplares. Una magnitud que convierte este hallazgo en algo difícil de comparar con cualquier otro registro fósil marino conocido.  

Además, la datación isotópica indica que este cementerio ha permanecido activo durante al menos cinco millones de años, un lapso temporal extraordinario que permite observar simultáneamente restos modernos y fósiles antiguos.  

¿Por qué mueren tantas ballenas en el mismo lugar?

La pregunta parece inevitable. ¿Qué explica que miles y miles de cetáceos hayan terminado acumulándose en una única región del océano profundo?

Los investigadores creen que la respuesta no depende de un único factor. La fractura Diamantina actúa como un gigantesco corredor ecológico utilizado por numerosas especies de cetáceos durante sus desplazamientos por el Índico. Cuando alguno de estos animales muere en superficie, la compleja topografía submarina favorece que los restos terminen concentrándose en esta inmensa depresión oceánica.  

Sin embargo, existe otro elemento especialmente revelador. La mayoría de los restos identificados pertenecen a zifios, cetáceos famosos por realizar algunas de las inmersiones más extremas del reino animal. Estos mamíferos pueden superar los 3.000 metros de profundidad en busca de calamares gigantes y otras presas.  

Esa capacidad extraordinaria podría ser también una vulnerabilidad. Los científicos sugieren que algunas de estas inmersiones llevan a los animales hasta límites fisiológicos peligrosos, aumentando el riesgo de agotamiento o incluso de problemas relacionados con la descompresión.  

Entre los hallazgos aparecen especies actuales, como el zifio de Andrew o el zifio de Layard, junto a formas ya desaparecidas. También se han identificado grandes ballenas barbadas, incluida una especie fósil desconocida hasta ahora para la ciencia: Pterocetus diamantinae.  

Cada esqueleto constituye una cápsula temporal capaz de aportar información sobre la evolución de los cetáceos durante millones de años. Y todavía queda una inmensa cantidad de restos por estudiar.

Cuando la muerte crea vida en el lugar más oscuro de la Tierra

Quizá el aspecto más fascinante del descubrimiento no sea la cantidad de huesos encontrados, sino lo que ocurre alrededor de ellos.

A más de 7.000 metros de profundidad no existe luz solar. La fotosíntesis es imposible y la producción biológica resulta extremadamente limitada. En teoría, estas regiones deberían parecer desiertos casi estériles. Sin embargo, los investigadores observaron exactamente lo contrario.  

Las carcasas de las ballenas funcionan como auténticos oasis biológicos. Sus restos proporcionan alimento durante décadas a una multitud de organismos especializados: estrellas de mar, moluscos, gusanos perforadores de huesos y numerosas especies aún pendientes de descripción científica.   

Lo que emerge de este hallazgo es una visión mucho más amplia del papel ecológico de las ballenas. Durante su vida transportan nutrientes entre distintas regiones oceánicas; tras su muerte, continúan alimentando comunidades enteras en las profundidades abisales.  

La paradoja resulta tan poética como científica: en el rincón más oscuro y remoto del océano, donde parecería imposible prosperar, la muerte de los gigantes marinos se transforma en una fuente inagotable de vida. Allí, entre huesos que llevan millones de años descansando bajo una presión aplastante, el océano sigue escribiendo una historia que apenas comenzamos a comprender.

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