Coatzacoalcos: Antiguo puerto de la navegación maya

  • Con el fin de enriquecer la historia de nuestro proyecto sobre la navegación maya y sobre las embarcaciones utilizadas en el pasado, específicamente cayucos, estuvimos indagando sobre el tema.

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Gracias a unos amigos tabasqueños, supimos que en Coatzacoalcos habían encontrado unos moldes de cayucos de chapopote, así nos pusimos en contacto con el arqueólogo Alfredo Delgado, responsable del hallazgo y de la excavación. Llegamos así al Club de Pesca de Coatzacoalcos, en donde nos recibió Alfredo Delgado y comenzó a platicarnos acerca de este proyecto de rescate arqueológico. Encontraron dos moldes de cayucos de chapopote, cuya importancia radica, precisamente, en el uso del chapopote como impermeabilizante, el cual aún se sigue utilizando en algunos lugares de la región. Los cayucos, junto a numerosas piezas arqueológicas provenientes de diversas regiones, fueron el principal hallazgo, lo cual habla de que en el pasado este fue un importante puerto multiétnico para el comercio marítimo entre mayas y teotihuacanos.

El túnel sumergido de Coatzacoalcos

La historia está así. El 4 de octubre de 2007, la Compañía Constructora Túnel de Coatzacoalcos suspendió provisionalmente los trabajos de construcción del dique seco, debido al hallazgo de elementos arqueológicos durante las excavaciones y se notificó de inmediato al Centro INAH Veracruz. El hallazgo se dio entre la congregación de Allende y la Laguna de Pajaritos, frente a la ciudad de Coatzacoalcos, a la orilla del río. En ese lugar se proyecta construir las secciones del túnel sumergido que cruzará el río Coatzacoalcos, que por cierto, es una obra impresionante, ya que medirá 451 metros de largo por 262 de ancho, y se planea alcanzar los 14 metros de profundidad. Para construirlo se requiere movilizar un millón 200 mil metros cúbicos de tierra.

La supervisión arqueológica en cuestión se realizó cuando ya se había excavado la primera capa de 4 metros en todo el dique y planeaban rebajar 4 metros más; es decir, casi la mitad del dique que tenía unos 8 metros de profundidad. La afectación del sitio ya era irreversible, por lo que no había posibilidad de suspender la obra o cambiarla de lugar. Ante los hechos consumados, se propuso un rescate arqueológico, con el fin de recuperar la mayor cantidad posible de información de este nuevo sitio, hasta entonces desconocido.

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La diversidad arqueológica

Alfredo Delgado nos contó que entre la arena removida eran visibles toneladas de tiestos (pedazos de vasijas) con una gran variedad de tipos cerámicos, formas, tamaños, decoración, temporalidad y origen. Los había locales, de la sierra de Soteapan y de los Tuxtlas; incluso restos de vasijas mayas, teotihuacanas, totonacas y de la cultura remojadas. Encontraron tipos cerámicos del preclásico tardío, de todo el periodo clásico y del postclásico temprano. A la riqueza cerámica se sumaba la diversidad de materiales arqueológicos: toneladas de conchas marinas, de almeja y de ostión, huesos de grandes pescados y de manatí, miles de contrapesos de redes de pescar, grandes cantidades de chapopote arqueológico, figurillas de barro, restos de molienda, artefactos de obsidiana y lascas (trozo pequeño y delgado desprendido de una piedra verde, probablemente serpentinita).

“En suma, nos encontrábamos ante lo que probablemente fue un floreciente y activo puerto costero que funcionó durante varios cientos de años. La primera hipótesis en que pensamos fue que este puerto debió funcionar como un centro de enlace entre Teotihuacan y el imperio maya. Pero varias preguntas nos inquietaban. ¿De qué cultura eran sus habitantes? ¿Fue el principal puerto costero de esta zona del Golfo o hubo otros más que sirvieran como escalas en el comercio prehispánico entre la Península y el Altiplano? Todas esas dudas sólo serían contestadas total o parcialmente a través de excavaciones arqueológicas controladas”, nos iba contando el arqueólogo.

La investigación

Los trabajos en campo concluyeron el 22 de diciembre de 2007, en los que se obtuvieron varias toneladas de tiestos en espera de su análisis. El arqueólogo Alfredo Delgado agregó: “A reserva de los resultados de los análisis, las excavaciones parecen confirmar que se trata de un activo puerto costero que funcionó ininterrumpidamente durante unos 1,400 años, por lo menos. Será el análisis cerámico el que confirme o deseche esta hipótesis. Nos inquieta particularmente que en los niveles más profundos aparezcan revueltos tiestos del formativo tardío, algunos típicamente olmecas, y del clásico temprano o medio, eso podría implicar simplemente que hubo periodos de intensas lluvias y vientos que revolvieron estas capas, pero también podría suceder que estemos ante un periodo de transición de los últimos olmecas que se están transformando en otro tipo de sociedad.

Si es correcta la posición de algunos lingüistas, que postulan que los grupos zoque, mixe y popolucas descienden de los olmecas (Morales, 1971), entonces posiblemente podríamos documentar esa transformación. De ser así, estaríamos en posición de definir arqueológicamente a los popolucas, el grupo indígena más representativo de la región, de cuyo pasado prehispánico ignoramos todo”.

La importancia del chapopote

Durante la charla, el arqueólogo destacó que del material recuperado destacan cientos de contrapesos para redes que cumplieron la función de las actuales plomadas de pesca. “Además en todos los niveles se encontraron vasijas y tepalcates conteniendo chapopote, el cual fue preparado en diferentes formas, a veces puro, a veces revuelto con materia orgánica otras veces mezclado con arena. Es decir, la explotación de yacimientos de chapopote y su intercambio en este puerto se dio de manera ininterrumpida por un largo periodo de tiempo, de unos 1,400 años. Pero quizá lo más espectacular fue la confirmación de que el chapopote se usaba para calafatear o impermeabilizar los cayucos o canoas. Para sorpresa nuestra, en uno de los pozos empezaron a surgir dos líneas paralelas de chapopote, que al ser excavadas formaban una especie de canal de unos 75 centímetros de ancho. En un principio pensamos que se trataba de un acueducto revestido de chapopote, pero al limpiar uno de los extremos, nos dimos cuenta de que era el molde de un cayuco de 5.10 metros de largo.

Con el paso del tiempo, la madera desapareció, pero la impronta formada por el chapopote que se usó para impermeabilizarlo aún se conservaba. Al ampliar la excavación, encontramos la impronta en chapopote de otro cayuco, aún más grande, pues rebasaba los 7 metros de longitud. Sobre uno de los cayucos había un depósito de tepalcates fechable en el clásico medio, lo cual implica que los cayucos eran contemporáneos o anteriores y tienen una antigüedad de al menos 1,500 años.

Este hallazgo nos planteó una situación inédita. Es la primera vez que en la costa del Golfo se encuentra este tipo de elementos arqueológicos y no sabíamos cómo levantarlos sin dañarlos. Sacarlos completos era imposible, pues estaban sobre arena y no podíamos levantar los cayucos en un sólo bloque sin riesgo de que se desintegraran. Con la asesoría de varios especialistas y con el apoyo de la restauradora Gabriela Vargas, optamos por cubrir los cayucos con vendas enyesadas y seccionarlos para sacarlos por partes.  Armar y pegar los fragmentos de ambos cayucos otra vez será trabajo arduo, pero esperamos que se haga y que ambos se logren exhibir en algún museo”.

Un nuevo puerto

Para terminar, Delgado concluyó que el sitio afectado por el dique seco se suma a la serie de sitios costeros aún por estudiar, zonas arqueológicas como Tonalá, Loloma, El Volador, Piedra Labrada, Zapoapan, Perla del Golfo, Arrecifes y Toro, que debieron funcionar como puertos marinos con una comunicación continua durante varios siglos.

El sitio se encuentra en el municipio de Coatzacoalcos, en la congregación de Allende, y perteneció al ejido Gavilán de Allende, aunque hoy se encuentra en terrenos de PEMEX. Fue conocido también como El Cocal y luego como Casco Viejo. “Dada la cantidad y diversidad de material arqueológico presente —indicó el arqueólogo—, nos planteamos si estuvo aquí la cabecera original del antiguo señorío de Coatzacoalco, y si aquí se fundó inicialmente la Villa del Espíritu Santo, aquella que poblara el conquistador Gonzalo de Sandoval con la “flor de los caballeros” españoles y de cuyo cabildo formara parte el soldado cronista Bernal Díaz del Castillo. Creo que si comprobamos que así fue, aunque el sitio arqueológico ya no exista, una vez concluido el dique, el lugar merecería una placa al menos y, ¿por qué no?, un museo de sitio donde se exhiban dignamente los materiales arqueológicos recuperados”.

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