Sobre todo, créanme que es no bochornoso, sino infame, soportar el vandalismo de la CNTE y los ayotzinapos, unos y otros en estas tierras
Julio Patán
Disfruten el Mundial. Hay dos buenas razones.
Primero, la futbolera. Todo lo malo que se ha dicho sobre esta Copa es cierto: los precios salvajes de las entradas; la enorme dificultad de conseguirlas; el exceso de partidos, que implica, por supuesto, una no desdeñable cantidad de mediocridad, y los problemas que trae la rudeza migratoria de Trump.
Para los chilangos, la lista es todavía más larga. Es bochornoso ver el trabajo garnachero que de la administración local y federal: esas carpas como de campamento de refugiados en el Metro Insurgentes, el amarillo-morado-vuelta al amarillo, los baños públicos –de momento, dos– inaugurados como si fueran un hospital de alta especialidad, más el aeropuerto con goteras y socavones rellenos de maquinaria hundida.
Sobre todo, créanme que es no bochornoso, sino infame, soportar el vandalismo de la CNTE y los ayotzinapos, unos y otros en estas tierras para aprovechar las posibilidades de extorsión que da que el país sea anfitrión de un Mundial.
Así y todo, y especialmente con el triunfo de la Selección, que solventó las dificultades del debut, con algunos bajones de juego y algunos momentos esperanzadores, es no solo legítimo, sino necesario, sano, hacer una pausa larga, y clavarse con los partidos, y hablar casi nada más que de eso.
Son esas vacaciones que se da el mundo cada cuatro años, y que los mexicanos merecemos, entre tantas evidencias de narcopolítica, tantos asesinatos, tantos derrames de petróleo y tanto estancamiento económico.
La otra razón es que al chairisimo la Copa del Mundo le está acabando de formar una ola no perfecta, pero sí revolcona. Morena no va a implosionar, como aseguran algunos colegas. Vuelan las puñaladas entre ellos, pero están unidos por el mastique de la tranza y el poder omnímodo, y se mantendrán así a la hora de defenderlo.
De todas maneras, la están pasando mal: visas canceladas, solicitudes de extradición, crisis de Pemex, cero inversión, y, con el Mundial, la exhibición global de su incompetencia y su incapacidad para gestionar crisis como la de la CNTE y la de Ayotzinapa, sí, pero también las que sí tienen protagonistas legítimos, caso de las madres buscadoras.
Por supuesto, el precio a pagar es, para nosotros, los ciudadanos de bien, las personas decentes, antichairas, altísimo, en violencia, bloqueos, desempleo, ajolotes feos y funcionarios bobos con jarabitos. Pero no hay nada tan gratificante como el sufrimiento de los malos.
Así que ármense de botanas y pizzas, arrasen con el alcohol, rodéense de los suyos, disfruten a las selecciones que juegan bien y confíen en que la nuestra, cosa muy probable, pasará la fase de grupos para llegar al maldito quinto partido, e incluso algo más lejos, con un juego aguerrido, organizado e inteligente, y Quiñones. La vida, a veces, es buena.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09
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