Tres periodistas, seis meses y ninguna respuesta

Zoomlítica: Haciendo zoom a la política


Por RODRIGO HEBRARD

El 7 de junio, como cada año, se conmemoró en México el Día de la Libertad de Expresión. Una fecha que en el papel celebra uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia, el derecho de informar y opinar con responsabilidad y para quienes ejercemos el periodismo, no se trata solo de una efeméride, sino de una convicción diaria, contar lo que ocurre, incomodar cuando es necesario y hacerlo siempre con rigor y respeto, sin embargo, en Veracruz y en buena parte del país, esa libertad se ha convertido, más que en un derecho garantizado, en un riesgo constante.

Basta con mirar lo ocurrido en los primeros días de junio para entender la gravedad del contexto, pues el pasado 2 de junio, en el municipio de Nanchital, hombres armados privaron de la libertad a la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez; días después, el 11 de junio, en Poza Rica, el periodista Luis Ángel López fue asesinado a balazos. Dos hechos distintos, pero conectados por una misma constante, la violencia dirigida contra quienes ejercen la labor de informar.

Y no son casos aislados, a inicios de este mismo año, en ese mismo municipio de Poza Rica y prácticamente en la misma colonia donde le arrebataron la vida a Luis Ángel, el periodista Carlos Castro fue asesinado. Tres casos en apenas seis meses, tres historias que no solo reflejan la vulnerabilidad del gremio, sino también la repetición de patrones que parecen no encontrar respuesta institucional.

Veracruz, además, no es un caso aislado dentro del mapa nacional, sino uno de sus focos más preocupantes pues desde hace años, el estado aparece de forma recurrente entre los lugares más peligrosos del país para ejercer el periodismo, una posición que no es casualidad ni coyuntura, sino resultado de una violencia persistente y una impunidad que se arrastra sexenio tras sexenio.

La pregunta es inevitable: ¿qué avances hay? ¿Qué ha cambiado? ¿Qué han hecho las autoridades para evitar que estos hechos se repitan? La respuesta, lamentablemente, parece ser la misma de siempre, nada. Ni a nivel estatal ni a nivel nacional se percibe una estrategia efectiva que garantice la seguridad de las y los periodistas pues los mecanismos de protección existen en el discurso, pero en la práctica resultan insuficientes, tardíos o simplemente inoperantes.

La realidad es que desde hace años la prensa en México trabaja en condiciones de desprotección y ejercer el periodismo implica no solo investigar y publicar, sino también medir riesgos, cuidar rutas, vigilar entornos, es decir, sobrevivir y en ese contexto, la libertad de expresión deja de ser una garantía para convertirse en un acto de resistencia.

Hoy, más que celebrar, toca cuestionar porque no puede haber libertad de expresión en un entorno donde informar cuesta la vida, no puede hablarse de democracia plena cuando quienes documentan la realidad son silenciados y no puede seguir normalizándose que cada agresión quede en la impunidad.

Haciendo zoom… La reflexión es incómoda, pero necesaria, mientras el Estado no asuma con seriedad su responsabilidad de proteger a la prensa, cada 7 de junio será menos una celebración y más un recordatorio de todo lo que sigue pendiente, porque la libertad de expresión no se decreta, se garantiza y en Veracruz, hoy por hoy, sigue estando en deuda.

lm

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