Pedro Miguel
Hace unos días El Universal publicó un texto (https://is.gd/1sOLSe) que simula derivar de una entrevista periodística al finado Carlos Monsiváis en el que, aderezados por algunos toques de color mínimamente verosímiles, se ponen en su boca cosas contrarias a sus conocidas convicciones éticas y políticas, extrañas a su manera de expresarse, ajenas a su universo semántico y que, a juzgar por cuanto escribió y dijo en público y en privado, no habría declarado nunca.
La “entrevista” abunda en incoherencias, imprecisiones, desaseos de redacción y errores cronológicos, y lo mismo ocurre con las justificaciones ensayadas posteriormente por el autor para tratar de explicar por qué escribió y publicó eso y por qué no puede sustentar su batiburrillo con la prueba elemental de un archivo de audio. El texto es claro en su intención difamatoria desde el encabezado y el subtítulo: “López Obrador estaba loco con sus desmedidos sueños de grandeza; A 16 años de su partida, el tiempo le da la razón al célebre cronista: ‘Andrés Manuel quería convertirse en un moderno Nerón’”.
En consecuencia, la almendra del texto –presentado en forma hipócrita y canalla como “un sencillo reconocimiento a la incansable labor literaria y periodística” de Monsi– es una supuesta respuesta suya en la que afirma (en 2001, cuando habría tenido lugar el diálogo) que Andrés Manuel López Obrador “sufre desmedidos sueños de grandeza” y “quiere llegar a ser un moderno Julio César o Nerón” para, a renglón seguido, y sin que venga al caso, afirmar que el político tabasqueño vivió nueve meses en la casa del “entrevistado” e insinuar que Monsi le pagó a AMLO para que tuvieran relaciones sexuales; “López Obrador, por dinero… ¡era capaz de hacer lo que fuera!”, habría dicho esta caricatura cínica de Monsiváis.
Casi en forma simultánea, Excélsior publicó un “reportaje”sobre nepotismo legislativo (https://is.gd/8iyIGc) posteriormente difundido por Imagen Televisión (https://is.gd/2ikgkW) en el que se atribuye al senador Gerardo Fernández Noroña la paternidad de Emiliano González González, quien forma parte de su equipo de trabajo.
Cuando la madre de González González difundió una carta desmintiendo de manera tajante el infundio, la autora del libelo respondió sin ningún pudor que “no fue un invento” y que “diversos integrantes del más alto relieve en el Senado me informaron que el senador Gerardo Fernández Noroña presentó a Emiliano como su hijo” (https://is.gd/jcKvEF).
Parece conformarse así otra vertiente de la ofensiva propagandística de la derecha en contra de la 4T. Hasta ahora, y desde hace más de dos décadas, la reacción aborigen y extranjera y sus corifeos mediáticos le han inventado a AMLO toda suerte de delitos, desde que asesinó a su hermano hasta que tiene vínculos con el narcotráfico, pasando por que incendió pozos petroleros, que incurrió en enriquecimiento ilícito y muchos más.
Ahora, la fabricación de una supuesta homosexualidad o de tener sexo a cambio de dinero, o la invención de una paternidad extramatrimonial, buscan agitar en contra del proceso de transformación una moralidad retrógrada e hipócrita. Otro tanto ocurre con las injurias lanzadas a la presidenta Claudia Sheinbaum por su género (“presirvienta”) o por su origen judío, o los vituperios clasistas basados en el aspecto de Fernández Noroña.
Ya no basta con presentar a personajes del gobierno y del movimiento como criminales, sino que se busca ponerlos como blancos de la homofobia, el racismo, la misoginia, el clasismo y un convencionalismo francamente prejuarista. Hace 19 años, cuando la entonces Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó la despenalización del aborto en la capital de la república, la Iglesia católica amenazó con excomulgar a los legisladores y otras organizaciones cristianas llamaron a la movilización en rechazo a la medida.
La más significativa fue una marcha de evangélicos de Chapultepec al Zócalo que reunió a unas 4 mil personas. La ciudad tenía casi 9 millones de habitantes. De ellos, más de 6 millones y medio se decían católicos y unos 640 mil, cristianos de otras denominaciones. Tal vez el clero calculó que contaría con el apoyo de 80 por ciento de la población defeña, pero sólo 0.04 acudió al llamado.
Eso indica que para entonces la gente ya tenía muy claramente deslindada la religión de la moral o, mejor dicho, de la moralina conservadora. Pero mientras la sociedad en general ha ido avanzando del conservadurismo al progresismo, la reacción ha sufrido un pronunciado retroceso.
De Juan José Hinojosa a Lilly Téllez, digamos. Y si bien hoy tiene lugar en el mundo una fuga de la derecha hacia la ultraderecha, México no es España, ni Estados Unidos, ni Chile, y aquí no parece buena idea usar la moralina como munición contra el proyecto gobernante. En lugar de perder el tiempo en esas campañitas tan infames como estériles, bien haría la reacción vernácula en ponerse a trabajar en serio en un proyecto de nación.
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