¿Revocar o participar? La Democracia que Veracruz sí puede ejercer

Filias y fobias… del Poder//Miguel Ángel Rueda-Ruiz

Desde hace un cuarto de siglo Veracruz tiene el andamiaje para que se demuestre la vocación democrática de gobernantes y ciudadanos

Cada vez que se habla de la Revocación de Mandato, pareciera que se trata del único instrumento capaz de devolverle el Poder a los ciudadanos.

El discurso político y la coyuntura electoral la presenta como la máxima expresión de la Democracia Participativa.

Y la utilizan oficialistas y opositores.

Quienes ya están instalados en el Poder Público. Y quienes desde las prerrogativas del Sistema de Partidos usan el dinero público como fuente de vivencia, sobrevivencia y búsqueda del mismo Poder.

Si el gobernante pierde la confianza popular, el pueblo puede retirarlo del cargo antes de que concluya su periodo. Suena bien. Pero también hay que preguntar ¿la democracia empieza y termina con la posibilidad de destituir a un gobernante?

Veracruz respondió esa pregunta hace más de un cuarto de siglo.

En el año 2000, durante la administración de Miguel Alemán Velasco, el estado emprendió una de las reformas constitucionales más ambiciosas de su historia reciente.

Aquella reforma no nació para construir un mecanismo de castigo al gobernante; nació para construir un gobierno más abierto a la Participación Ciudadana.

Hoy la discusión volvió a instalarse en la agenda pública de Veracruz.

La gobernadora Norma Rocío Nahle García, promovió una reforma para redefinir el mecanismo de revocación de mandato en el estado.

Poco después, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció que revisará el tema para analizar su congruencia con el marco constitucional federal.

El debate gira alrededor de las firmas necesarias, los procedimientos, los tiempos y los requisitos para remover anticipadamente a un gobernante.

Volvemos a la otra arista.

La participación de los ciudadanos antes de que el gobierno llegue a la revocación.

Mientras la conversación pública se concentra en cómo destituir a un gobernante, se olvida que la Democracia Participativa tiene una misión mucho más amplia. Permitir que los ciudadanos influyan en las decisiones públicas todos los días.

No únicamente cuando buscan poner fin a un mandato.

En el año 2000, durante la administración de Alemán Velasco, el estado emprendió una de las reformas constitucionales más ambiciosas de su historia reciente.

Aquella reforma no nació para construir un mecanismo de castigo al gobernante; nació para construir un gobierno más abierto a la Participación Ciudadana.

Aquella reforma constitucional no incluyó la Revocación de Mandato.

Sin embargo, sí incorporó mecanismos que en aquel momento colocaron al estado a la vanguardia del constitucionalismo local.

Ahí están el referéndum, el plebiscito, la iniciativa popular —hoy iniciativa ciudadana—, la iniciativa ficta, además de la Sala Constitucional y el Juicio para la Protección de los Derechos Humanos.

Aquella reforma partía de una premisa distinta.

No preguntaba cómo retirar del cargo a quien gobierna.

Preguntaba cómo hacer que gobernara escuchando.

Ese cambio de perspectiva no es menor.

La revocación de mandato es un mecanismo extraordinario de control político. Actúa cuando la confianza entre gobernantes y gobernados se ha roto.

En cambio, el plebiscito, el referéndum y la iniciativa ciudadana son instrumentos permanentes de diálogo democrático.

Su propósito es influir, corregir, orientar y reorientar las decisiones públicas antes de que el conflicto sea irreversible.

Veracruz tiene el andamiaje constitucional para que la vocación democrática de los titulares de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, más el interés ciudadano se demuestren.

La democracia no debería reducirse al derecho de castigar.

También debería garantizar el derecho de participar.

Por eso llama la atención que, en la discusión actual sobre la revocación de mandato, el centro del debate sean las reglas del procedimiento y no el fortalecimiento de los mecanismos cotidianos de participación ciudadana.

¿Qué tan accesible es hoy la Iniciativa Ciudadana?

¿Cuántos plebiscitos o referéndums se han promovido en Veracruz?

¿Conocen los ciudadanos las herramientas que la propia Constitución les reconoce para intervenir en los asuntos públicos?

Son preguntas que no se han planteado recientemente. Y tampoco los titulares de los poderes públicos las promueven. Y las explican.

No se trata de restar importancia a la revocación de mandato.

Tiene un lugar propio dentro del sistema constitucional y cumple una función específica de Rendición de Cuentas.

Pero convertirla en el eje de toda la Democracia Participativa corre el riesgo de invisibilizar instrumentos que fueron concebidos precisamente para evitar que la relación entre gobierno y sociedad llegue al punto de ruptura.

Tal vez la democracia más sólida no sea aquella que perfecciona los mecanismos para remover gobernantes.

Tal vez sea aquella que perfecciona los mecanismos para que los gobernantes nunca dejen de escuchar.

Porque una ciudadanía que sólo aparece al final de un mandato para decidir si éste continúa o termina, participa menos que una ciudadanía que puede influir de manera permanente en el rumbo de las decisiones públicas.

Y esa democracia, la de la participación cotidiana, quizá sea la gran olvidada del debate actual.

La que menos interesa porque convoca a la corresponsabilidad. Esa que se evita asumir.

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