Por Carlos Luna Escudero
“En la boca llevarás… Sabor a mí”
Cuenta la hija de Álvaro Carrillo la siguiente anécdota.
sucedió en diciembre de 1957, cuando en la cena de Navidad, ya estando comprometidos, mi padre Álvaro Carrillo tomaba whisky y, entre trago y trago, le depositaba un beso a mi mamá Anita.
Mi madre, como buena mujer, le empezó a reclamar que estaba tomando mucho, sugiriendo que dejara de hacerlo. Pero mi padre hacía “mutis” para servirse otro whisky y así, sorbo tras sorbo y beso tras beso, los reclamos se hicieron rutina.
En una de esas, mi mamá le dijo a Álvaro Carrillo que de tanto beso ya la estaba emborrachando, que ella sin tomar nada ya tenía en la boca el sabor a whisky; Mi padre, tras una breve pausa, le reviró y le dijo: “lo que tienes en la boca no es sabor a whisky… Es… sabor a mí”.
Ambos, cómplices de la poesía, entendieron en ese momento que la frase suscitada de ese reclamo era una sentencia poética que DEBÍA convertirse en canción. Mi madre la anotó como tarea para mi padre y, rompiendo su sobriedad, tomó un trago del vaso de mi papá y brindaron por el que sería, probablemente, el éxito más grande que Álvaro Carrillo haya compuesto.
Tanto tiempo disfrutamos de este amor,
nuestra almas se acercaron, tanto así
que yo guardo tu sabor
pero tú llevas también
sabor a mí
Si negaras mi presencia en tu vivir,
bastaría con abrazarte y conversar.
Tanta vida yo te di
que por fuerza llevas ya
sabor a mí
No pretendo ser tu dueño,
no soy nada, yo no tengo vanidad,
de mi vida doy lo bueno,
soy tan pobre, qué otra cosa puedo dar.
Pasarán más de mil años, muchos más
yo no sé si tenga amor la eternidad,
pero allá tal como aquí
en la boca llevarás…
sabor a mí
“Sabor a mí” se ha grabado en idiomas distintos al español: japonés, inglés, francés, alemán, mandarín, portugués, ruso, italiano, zapoteco. Le ha dado la vuelta al mundo en una interminable cantidad de voces y de veces.
Sus grabaciones deben ser contadas en millones. Desde que fue éxito (1960), jamás ha dejado de ser interpretada. Es un himno al amor y a la identidad, y contiene una cualidad que el compositor oaxaqueño Gil Rivera describe muy bien y le llama “frescura”, pues dice: “que si se le canta a una adolescente de 15, a una mujer de 25, a una señora de 40 o a una abuelita de 70; todas ellas sentirán y escucharán el mismo mensaje de amor con el que fue escrito”.