Por José Pérez Cruz
- La doctora terminó “enfermando” a Minatitlán
- Toda una payasita de crucero
- Oasis para el nepotismo

Por más que se intente justificar desde los márgenes del discurso político, el gobierno municipal de Minatitlán encabezado por Carmen Medel Palma representa uno de los mayores fracasos administrativos y políticos del sur de Veracruz.
A lo largo de casi cuatro años, su gestión se ha distinguido más por el desorden interno, los conflictos personales y el desgaste institucional que por los resultados tangibles en beneficio de la ciudadanía.
El deterioro no es solo administrativo, sino político y moral.
Medel Palma llegó con la ventaja de un amplio respaldo del partido gobernante y con la expectativa de consolidar un proyecto de continuidad. Sin embargo, lo que se instauró fue un estilo de gobierno errático, con decisiones improvisadas y una marcada incapacidad para mantener cohesión al interior del ayuntamiento.
La alcaldesa, más preocupada por proyectar simpatía que por ejercer autoridad, terminó convirtiéndose en una figura que simboliza la pérdida de rumbo en un municipio históricamente complejo.
COMO PAYASITA DE CRUCERO
El episodio más revelador de esta falta de equilibrio mental ocurrió cuando, durante un evento público, Medel Palma reclamó airadamente a la gobernadora Rocío Nahle y a un secretario estatal por no prestar atención a su discurso.
Aquella escena, que pretendía mostrar firmeza, terminó siendo el retrato de un poder local desbordado por el ego y el desconocimiento de las formas institucionales.
Como payasita de crucero, intentó generar sonrisas en su breve espacio en el escenario.
Al otro día la mandataria estatal tomó distancia inmediata, y con ello se rompió la poca interlocución política que quedaba entre Minatitlán y Xalapa.
El saldo de esa ruptura se percibe ahora en los últimos meses del trienio, con un gobierno sumido en el aislamiento y la incertidumbre.
Los recortes masivos de personal de confianza son solo la punta visible de un proceso caótico que mezcla ajustes administrativos, pugnas internas y presuntos intentos de favorecer a familiares y aliados mediante basificaciones de último momento.
Fuentes del propio ayuntamiento señalan que más de 250 empleados han sido dados de baja en dos etapas recientes, mientras se reacomodan nóminas y se alteran estructuras que difícilmente podrán sostenerse en el nuevo gobierno.
Lo paradójico es que este ajuste, que en apariencia busca sanear las finanzas municipales, ocurre en medio de fuertes cuestionamientos por la basificación de personas cercanas a la alcaldesa, incluidas familiares directos. Minatitlán, fue un oasis para el nepotismo.
La incongruencia entre el discurso de austeridad y las acciones de privilegio ha minado cualquier intento de reivindicación pública.
La reciente baja de la hija del presidente municipal electo, Guillermo Reyes Espronceda, evidencia además la falta de tacto político: en los relevos municipales solían mantenerse ciertos equilibrios mínimos para garantizar una transición ordenada, pero esta vez, el conflicto marcó el cierre.
MEDEL Y EL DAÑO A MORENA
En términos políticos, el desgaste de Morena en Minatitlán no puede entenderse sin el papel que jugó Medel Palma.
Su paso previo como diputada federal ya había dejado dudas sobre su capacidad para sostener un proyecto público articulado.
Su discurso errático y sus limitaciones comunicativas se tradujeron en una gestión local desdibujada, donde los proyectos de desarrollo quedaron rezagados frente a la confrontación y el protagonismo personal.
Hoy, Minatitlán enfrenta un escenario preocupante: obras inconclusas, personal desmotivado, una estructura administrativa fracturada y un descrédito generalizado hacia la autoridad municipal.
La pérdida de confianza ciudadana no es menor. Los minatitlecos se acostumbraron a la incertidumbre institucional, a la improvisación en los servicios públicos y a un ayuntamiento que, en lugar de resolver, generaba problemas.
El impacto de esta gestión va más allá del municipio.
En un contexto donde Morena busca mantener su hegemonía regional, los malos gobiernos locales se convierten en lastres políticos que erosionan el discurso de transformación. Minatitlán es, en ese sentido, un ejemplo de cómo el partido en el poder puede sufrir desgaste no por la oposición, sino por sus propios cuadros.
Aunque la continuidad partidista se mantuvo en el gobierno, el mensaje fue claro: el cambio debe implicar capacidad, no solo lealtad.
EL RETO DE MEMO
El reto ahora recae en el alcalde electo, Guillermo Reyes Espronceda. Su administración no solo deberá reordenar un ayuntamiento en crisis, sino también reconstruir la relación entre gobierno y sociedad.
El desafío será enorme: restaurar la credibilidad, concluir las obras pendientes y recomponer el tejido político dañado por años de improvisación.
Minatitlán necesita volver a ser un municipio funcional, donde el poder público deje de ser escenario de vanidades y recupere su esencia de servicio.
La gestión de Carmen Medel Palma pasará a la historia local como un recordatorio de lo que ocurre cuando el ejercicio del poder se confunde con el espectáculo.
Lo que viene dependerá, en buena medida, de la capacidad del nuevo gobierno para demostrar que el desastre no es destino, sino una lección que no debe repetirse.
De nada sirvió que fuera doctora, terminó dejando más enfermo al “paciente” llamado Minatitlán.
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joluperezcruz@hotmail.com
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