365 días//Ciro Gómez Leyva
Lo último que supimos de Víctor Rodríguez Padilla fue en abril pasado, cuando, todavía como director general de Pemex, intentó lavarse las manos frente al desastroso derrame de hidrocarburos en el golfo de México. En lugar de asumir su responsabilidad, culpó a un director, un subdirector y un coordinador de la petrolera de haberlo malinformado.
La presidenta Sheinbaum —quien, desconfiada por el pésimo manejo de la crisis, ordenó crear un grupo oficial especializado— lo cesó semanas después, aunque le concedió una discreta salida administrativa. Queda la pregunta de cuáles eran los méritos de ese hombre para ganar la distinción de dirigir la principal empresa del Estado mexicano.
Lo que no sabíamos es que, por esos mismos días en que las agrupaciones ambientalistas documentaban el derrame y denunciaban las mentiras de Pemex, Víctor Rodríguez le propinó una golpiza a su esposa.
El video permite afirmar que se trató de un ataque brutal contra una mujer. El agresor era entonces director general de Pemex. “Él siempre decía que nadie me creería”, afirmó la esposa al dar a conocer la impresionante grabación.
El destino de Víctor Rodríguez tendría que ser la cárcel. Pero habrá que esperar porque la 4T ha arropado a Rubén Rocha, garantizado a Cuauhtémoc Blanco que no está solo, convertido a un Yunes Márquez en presidente de la Comisión de Hacienda y a Javier Corral —acusado de tortura— en presidente de la Comisión de Justicia.
Ante sus personajes de conducta siniestra, la 4T ha preferido mirar hacia otro lado. En este caso, el silencio sería tan escandaloso como la agresión.
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