Falsos demócratas

Pegan con la izquierda y cobran con la derecha * Tienen ranchos, propiedades, negocios, comen en lujosos restaurantes y usan vehículos ostentosos

JORGE BUENDÍA GARCÍA

Se erigen como los grandes demócratas del Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuando son todo lo contrario. Son remansos de una izquierda anclada en glorias del pasado, la ambición desmedida, el oportunismo y el abuso.

Le dicen al Presidente Andrés Manuel López Obrador dictador, autoritario e intolerante, pero son iguales o peor. Actúan como patriarcas. Pisotean los principios que falsamente abanderan con discursos huecos que ni ellos mismos los creen.

A López Obrador le dicen jefe de pandilla; el mismo calificativo le aplican a Claudia Sheinbaum, pero también les queda como saco a la medida. Ni más grande ni más pequeño. Los valores y principios del principal partido de izquierda sólo están de adorno en los documentos llamados estatutos.

Inventaron un término contradictorio llamándose “socialdemócratas de izquierda”, cuando esa ideología es inexistente. No encuentran su ubicación en el espectro de la política nacional. Sólo reaccionan a los dichos de López Obrador. El otrora activismo de las calles lo han llevado al cómodo espacio de las redes sociales, desde donde pontifican cual dueños de un lenguaje anticuado como su propia imagen.

Ni son socialdemócratas, ni son de izquierda. Se dicen pensadores al estilo Carlos Marx, pero viven como Carlos Hank González. “Pegan con la izquierda y cobran con la derecha”, como suelen decir los viejos dirigentes críticos -esos sí- de los excesos.

Tienen ranchos, propiedades, negocios, comen en lujosos restaurantes y usan vehículos ostentosos. Uno de ellos vive en Houston y es coordinador de los diputados federales del PRD en San Lázaro. Para mayores señas lleva el nombre de Luis Cházaro.

Se reparten las prerrogativas de su partido como lo hacen los capos al estilo de cualquier mafia. Han perdido 20 registros en todo el país, pero se erigen como los paladines de la democracia, cuando son todo lo opuesto.

Pidieron un préstamo de 50 millones de pesos para las elecciones de 2022 y perdieron Quintana Roo, la única gubernatura que les encargó la alianza con el PRI y PAN. Resultaron un total fracaso al frente del Comité Ejecutivo Nacional, donde la mayoría de los secretarios son sus empleados incapaces de encabezar una movilización porque ni sus familiares los acompañan.

Remodelaron la antigua sede de Monterrey 50 en la colonia Roma a un costo de 24 millones de pesos, pero solo se rinden cuentas entre ellos. Al Consejo Nacional, máximo órgano de representatividad, lo ningunean, humillan y menosprecian.

Quemaron en leña verde al senador Miguel Ángel Mancera por haber votado en favor de las propuestas que él mismo hizo y que las aceptó Morena.

Llamaron traidor al exjefe de Gobierno, incluso se dijeron avergonzados de su papel como senador del PRD, a grado tal de amagar con expulsarlo, aunque no esté afiliado.

Lo mismo hicieron con el senador Antonio García Conejo, hermano del exgobernador Silvano Aureoles Conejo. Lo maltrataron a más no poder. El canibalismo político a su máxima expresión fue solapado por sus principales dirigentes. Y así se atreven a decir que urge relanzar al PRD.

En represalia, le hicieron el vacío a Silvano cuando ya le habían prometido acompañarlo en su destape como aspirante perredista al 2024, precisamente en las lujosas instalaciones de Monterrey 50. Los demócratas lo dejaron solo. Dieron la orden expresa de no asistir.

Declararon “muerta” la alianza Va Por México, de manera unilateral, sin consultar a las bases de su partido. Sólo dos o tres voces cuentan. El resto actúa como súbditos de la máxima autoridad que lidera una corriente cada vez más alejada del verdadero perredismo.

Se le lanzaron a la yugular a la secretaria general del PRD, Adriana Díaz, porque se atrevió a pedir respeto a la investidura de sus propios senadores. Poco les importó pasar por encima de una de sus principales aliadas.

Hicieron nombramientos espurios en el PRD de la Ciudad de México a espaldas de su presidenta Nora Arias, sin consultarla.

Pero su propio Órgano de Justicia Intrapartidista les dio palo. No lo podían creer. En plena soberbia arremetieron de nuevo contra su propio partido en la capital, donde su presencia territorial se reduce prácticamente a nada.

Actuaron como jefes de pandilla, al repartirse los espacios vacantes como si fuera botín de guerra. Su ADN es la mezquindad que no les permite un gramo de humildad para reconocer que tienen un bastión en la Ciudad de México, potenciado con el resultado de las elecciones del pasado 2021.

Se aliaron con Víctor Hugo Lobo, el principal matraquero de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, a quien por cierto ellos mismos le endilgaron ese calificativo.

Lobo se ha erigido como el mejor diputado perredista de Morena en el recinto de Donceles y Allende. ¿Dónde queda su congruencia? Critican a López Obrador y a Sheinbaum, pero se alían con el principal operador de la jefa de Gobierno en el Congreso capitalino.

Le arrebataron a la Alianza la alcaldía de Tlalpan y la convirtieron en su principal centro receptor de aviadores saqueadores del erario público. Apenas lleva un año su alcaldesa Alfa González, pero no hay día donde no se difunda información de abusos e irregularidades en su administración.

A Alfa González también le está permitido codearse y abrazarse con Sheinbaum. Ahí no hay crítica mientras los mantenga en la nómina sin trabajar. La aviaduría son los principios y valores que los rige. Poco les importa que la alcaldesa figure entre los últimos lugares de aceptación en el ranking a nivel ciudad y país.

Inventaron una agrupación llamada Futuro 21 para “ciudadanizar” a sus candidatos, pero resultó un fiasco. Hoy ni siquiera es fantasma esa organización. Pero con seguridad volverán a la palestra en cuanto empiecen las definiciones de perfiles para encabezar las candidaturas hacia la elección de 2024.

Buscaron enfundarse en la casaca de socialdemócratas, pero resultaron más falsos que una mañanera plagada de mentiras. Ellos son “Los Chuchos”, los falsos demócratas porque ni siquiera entre ellos hay unidad. Solo los hace convivir la ambición por el dinero y el poder.

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