Por Maried Díaz
Cristiano Ronaldo tenía 12 años, vivía solo en una pensión del Sporting Lisboa y a veces no tenía dinero ni para comer. Cerca había un McDonald’s al que él y otros chicos de la academia iban a última hora de la noche, a esperar que cerraran. Ahí estaba Edna, Paula y una tercera compañera, que cuando sobraban hamburguesas las separaban y se las daban. Sin hacer preguntas. Sin pedir nada a cambio.

CR7 lo contó esta semana en el programa “Good Morning Britain”, en una charla con Piers Morgan: “Recuerdo que había un McDonald’s cerca donde pedíamos las hamburguesas que sobraban. Una señora llamada Edna y otras dos chicas siempre nos daban alguna. Quiero invitarlas a cenar en Turín o Lisboa y devolverles lo que hicieron por mí. Nunca lo olvidé.”

Apenas salió la historia al aire, Paula Leça habló con la radio portuguesa Renascenca y confirmó cada detalle: el gerente que les daba permiso, los chicos que siempre llegaban pasadas las 11 de la noche, y un dato que la hace reír hasta hoy. “Ronaldo era el más tímido de todos”, recordó. Su hijo no le creía cuando se lo contaba. Su marido sí, porque a veces la iba a buscar al cierre y los veía esperar. Ahora Paula dice que si Cristiano la invita a cenar, va sin dudarlo.

