La fuerza

Manuel J. Jáuregui
en REFORMA

Recibimos, estimados amigos, una inyección poderosa de vitamina anímica tras una charla energizante y alentadora que tuvimos con dos damas -de esas que se escriben con “D” mayúscula por su valía, inteligencia y compromiso con el progreso social y económico de este nuestro México-, “M” y “C” (ustedes saben quiénes son), que nos hizo reparar en lo siguiente: no importa qué tan mal Gobierno tengamos, qué tan ineptos y maletas sean quienes operan temporalmente la burrocracia gubernamental, México saldrá adelante no gracias a ellos, sino A PESAR DE ELLOS. De esto nos convence el hecho de que nuestro fuerte, la fuerza, nuestro “as” como Nación, es la grandeza y pujanza del México mayoritario que aporta, que impulsa, y el cual supera por mucho al minúsculo otro México que es el parasitario, el que como vampiro sangra nuestra vitalidad con una combinación de ineptitud y/o corrupción.

Funcionarios van y vienen, unos más corruptos e ineptos que otros, pero la grandeza del ciudadano que con su talento, esfuerzo y trabajo impulsa la carreta ES PERMANENTE. México cuenta con grandes y talentosos empresarios, profesionistas, hombres y mujeres que fortalecen nuestra sociedad en todas sus facetas. La grandeza y futuro promisorio para nuestro México Mágico lo construyen los hacedores, no los políticos embusteros que se sirven de, pero no sirven a la sociedad.

El que nuestra clase política sea primitiva y mezquina, comparada con el Primer Mundo, contrasta con que en los otros rubros privados poseemos una sociedad de “clase mundial”. Contamos con empresarios de primerísimo nivel, maestros, médicos, ingenieros, arquitectos, estudiantes, universidades, colegios, hospitales, instituciones de beneficencia, de promoción cultural y con artistas talentosísimos, provenientes de un NÚCLEO familiar sólido, formando -por llamarlo así- neuronas conectadas desde donde emanan el talento, los VALORES y el expertise que hace posible la grandeza de nuestro País; no como un ente aislado, sino hermanado por estos valores que enaltecen el trabajo, la creación de empleos, riqueza y oportunidades, y colocan para todo mexicano una escalera cuyos peldaños llevan a un elevado nivel de vida y lo realizan globalmente con otras sociedades hermanas que comparten los valores.

Claro, a veces la ineptitud de nuestra clase gobernante -como ahora, aferrada a ideologías ya obsoletas- complica la generación de prosperidad. Uno de los más grandes errores de los oficialistas es creer que la actividad empresarial debe ser satanizada porque genera “utilidades” (esto, para casi todas las privadas, nunca para los monopolios gubernamentales). En lo que no reparan estas resentidas gentes es que la utilidad es señal de eficiencia que indica qué tan grande e importante es la CONTRIBUCIÓN de una empresa al bienestar nacional. Sólo empresas eficientes son capaces de generar empleos, pagar sueldos decorosos y APORTAR IMPUESTOS a la Hacienda nacional; sin éstos, el Gobierno sería incapaz de cumplir con sus responsabilidades.

Se cumplen ya casi ocho años en nuestro glorioso México de dos Gobiernos ANTAGÓNICOS a las actividades creativas, al empuje del sector privado nacional, el cual no sólo no es apreciado, sino desdeñado. Creen estos torcuatos que el Gobierno lo puede hacer todo, pero en realidad no sabe hacer nada más que disparates: Líneas de Metro que se caen, trenes que se descarrilan o que, recién inaugurados (el tren al AIFA), se quedan varados por fallas elementales, o refinerías (Dos Bocas) que se incendian un día sí y el otro también, o “negocios” (como el Tren Maya) carísimos de construir, y que absorben enormes subsidios del erario nacional; aerolíneas que pierden dinero como ludópata en juego amañado, o interoceánicos que se descarrilan por fallas de construcción en las que afloran contratos leoninos a favor de familiares de los tlatoanis.

Es enorme la cantidad de pifias cometidas en estos casi ocho años, no siendo la menor el acostarse con los cárteles de la droga para ganar elecciones. ¡Y como quiera México sigue vivo, porque la grandeza de su gente no la apaga la pequeñez de sus gobernantes! ¡Ánimo, muchachos, que vamos a ganar! (Mil gracias, de todo corazón, “M” y “C”, por aportarle a este su h. escribidor una valiosísima dosis de ánimo y esperanza).

Las ideas y opiniones aquí expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de PALABRA DE VERACRUZANO. Respetamos el derecho a la libertad de expresión

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