La tragedia no admite narrativas

Alejandro Ceja 

El descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca, que ha dejado hasta ahora 13 personas fallecidas y 98 lesionadas, no es solo una cifra dolorosa: es una herida abierta a nivel nacional. Se trata de un hecho que obliga, por su gravedad, a una revisión profunda sobre las responsabilidades en la supervisión, construcción y mantenimiento de uno de los proyectos emblemáticos del país.

Resulta alarmante observar cómo, en medio del duelo, las redes sociales se han convertido en terreno fértil para la desinformación y la manipulación política. Desde perfiles falsos y cuentas anónimas se intenta imponer la idea de que esta tragedia responde a un complot “de la derecha” o que los opositores al gobierno de Claudia Sheinbaum celebran lo ocurrido. Ese discurso, además de falso, es profundamente ofensivo para las víctimas y sus familias.

La tragedia no pertenece a ningún bando político. Es una consecuencia real, humana y fatal de posibles fallas estructurales que hoy deben investigarse sin prejuicios ni consignas. La magnitud del accidente, ocurrido en una obra emblemática del sexenio del expresidente Andrés Manuel López Obrador, obliga a responder preguntas incómodas pero necesarias: ¿quiénes intervinieron?, ¿qué decisiones se tomaron?, ¿hubo omisiones?, ¿se ignoraron advertencias previas?

No es menor el hecho de que, meses atrás, ya se hablaba de posibles irregularidades y fraudes en el mantenimiento de las vías ferroviarias. Callar o minimizar esos señalamientos hoy sería una forma de complicidad. Investigar no es atacar; investigar es una obligación del Estado.

Cuando un proyecto de esta magnitud falla y cobra vidas humanas, la sociedad no demanda discursos ni explicaciones evasivas. Exige verdad, justicia y garantías de no repetición. Exige que los responsables, sean quienes sean, enfrenten las consecuencias.

El dolor de las víctimas — tanto oaxaqueños como se Veracruz, entre ellas una menor que había salido de San Pedro Comitancillo rumbo a Coatzacoalcos para pasar las fiestas de fin de año— no admite relatos fabricados ni polarización artificial. Exige respuestas claras, acciones contundentes y el fin de la impunidad.

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