Javier Pulido Biosca
Mueve a risa, no la falta de respeto del Peje por su personal afín a su tan mencionada transformación, a quienes trata como serviles figuras al grado que les bautiza con apodos y ninguno se atreve siquiera a incomodarse.
Lo que mueve a risa es esa manera tan falta de crítica, y tan superflua que tienen los analistas políticos que creen conocer todos los secretos de las politiquerías y caen en el juego tendido por el inquilino de palacio.
Se entiende que el Ejecutivo esté jugando con la sucesión presidencial de manera temprana para usar este tema como un distractor. Lo que no se entiende es que esa prensa, tan crítica, tan dispuesta a cuestionar a toda la clase política se limite a repetir el esquema impuesto desde palacio.
Es falso que no vean personajes fuera de la transformación impuesta desde la fantasía. Claro que los hay; realmente la cantera del partido oficial no ofrece a ningún elemento sobresaliente. La mediocridad de una académica de la sociología, tal vez muy buena como investigadora pero muy mala como administradora de la ciudad más densamente poblada en el país y con necesidades urgentes de atender.
La gris presencia de un pariente del presidente, quien obviamente no ocurre en nepotismo porque él es alguien por encima de las leyes. El canciller quien viene arrastrando fallas técnicas y carencia de inversión en el metro de la Ciudad de México mejor no abre la boca. Y un senador por Zacatecas quieres ser tomado en cuenta cuando a la ciudadanía ni le importa este personaje, que también quiere ser llamado corcholata.
Ya tenemos casi dos años divirtiéndonos con los distractores que generan las ocurrencias de la mente iluminada que divide los destinos de México. Muy creativo comediante ha sabido imponer su criterio y su agenda ante analistas y políticos. Hay que reconocer que ese estilo de gobernar llega como caricatura al pueblo ávido de diversión.
Pero la agenda de los opositores también es temible por su silencio. Lo que ha hecho mal la actual administración se nota. Han retrocedido los avances en educación, salud, seguridad y bienestar general de la población.
Se ha militarizado irracionalmente al país. Los retenes, ilegales desde todos los puntos de vista, son la tónica en las carreteras y a la entrada de las ciudades.
Y mientras, los aspirantes de la oposición van en silencio observando la trama de todas las irregularidades en que cae el país. Los nombres se dejan sentir, Santiago Creel; Claudia Ruiz Massieu, Enrique de Lamadrid, Beatriz Paredes Rangel, con su enorme talla de estadista, van avanzando.
Más de treinta millones de mexicanos se sentirían orgullosos de que alguna de estas figuras gobernara el país. Lo que sí es claro es que cualquiera de ellos lo haría de manera más respetable y estratégica para volver por la ruta del crecimiento económico, de la conservación de la identidad mexicana y del estímulo a la inversión privada extranjera o nacional, dejando que el Estado ocupe su papel regulador.
Los temas de seguridad se resolverían con tan solo incentivar y dar certeza a las empresas que se acerquen, ahora, con la gran oportunidad de las empresas que salen de China y buscan mayor proximidad con los EU.
Cuidado con el silencio de los opositores, que cuando hablen su mensaje será imposible de contestar.