CLAROSCUROS//José Luis Ortega Vidal
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Los periodistas, comunicadores, informadores, sufren hambre en Veracruz. Existen lugares donde no es posible vender publicidad comercial porque no hay comercios o los existentes son pequeños y sus finanzas no lo permiten.
Topamos también con lugares zonas metropolitanas o conurbadas, donde una o más ciudades grandes o medianas ofertan los servicios y municipios pequeños interactúan con ellas, pero no funcionan para efectos de ventas de publicidad.
El trabajo reporteril igualmente se desarrolla en la metrópoli o en lugares pequeños; por ejemplo en la cobertura de hechos policiacos o políticos, a pesar de que nadie pague por esa labor…
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Años atrás -aún durante la primera década del siglo en turno- hubo empresas periodísticas que pagaron sueldos y unas incluso cubrieron derechos básicos como salud, descansos y vacaciones de reporteros y otros empleados.
Aquello casi ha desaparecido, tanto en medios impresos (cuasi convertidos en memoria hemerográfica) como en radiodifusoras y la TV regional o local.
Son muy escasas las corresponsalías de cadenas informativas que pagan algún sueldo digno, incluso en ciudades con más de 300 mil habitantes o en las metrópolis con más de 700 mil habitantes.
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El arribo de las redes sociales ha generado durante dos décadas un fenómeno de recomposición informativa con nuevas realidades como las siguientes:
- El empleo de periodistas o reporteros pasó a convertirse en autoempleo o en opción compartida con otra clase de ingresos..,
- La inmediatez del fenómeno informativo exige actualización en el manejo de tecnologías que evolucionan demasiado rápido para los denominados inmigrantes digitales: aquellos que nacimos antes de la internet, que aprendimos a leer y escribir con el apoyo de la memoria, que fuimos reporteros de libreta y lapicero…
- El nuevo mercado es cruel: se requiere tecnología pero muchos no pueden acceder a ella y tampoco a una capacitación oportuna y permanente…
- El mercado laboral, de servicios, de ventas, de producción, siempre ha desdeñado a los viejos o preveteranos, así como a los veteranos, pero hoy también se deshace de quienes no sumen millones de likes o seguidores por aquello que publiquen.
No es un tema de calidad sino de números de vistas o interacción del creador de contenidos con potenciales clientes de un mercado muy competitivo en el ámbito de la idiotez que advirtió Umberto Eco… - En este universo de la revolución digital el periodismo tradicional ha sido casi eliminado y el reportero, editor, analista, se ha convertido en creador de productos o contenidos que compiten con influencers, tiktokers, youtubers, podcasters, etcétera.
- La trascendencia del dato debidamente verificado, el peso periodístico y su aporte social o humanístico, mueren segundo a segundo en una red repleta de la inmediatez informativa falsa pero vendible…
- La tecnología digital arrojó a todos a la boca siempre hambrienta de un pozo sin fondo, inagotable, injusto y de naturaleza convenenciera, mezquina, atroz, inhumana: el capitalismo de la postverdad.
(4) - A paridad de ayer, 200 pesos equivalen a poco más de 11 dólares y a menos que 10 euros.
- En Veracruz hay integrantes del gremio reporteril que sobreviven al día con esa cantidad, muy debajo del salario mínimo establecido en 315.04 pesos por una jornada de 8 horas.
- En Veracruz hay ayuntamientos -alcaldes- que entregan 200 pesos a un reportero por dar cobertura y difundir un evento en sus redes durante cuatro horas.
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Tal barbaridad ocurre entre periodistas veracruzanos donde informar por vocación se mezcla con informar por hambre.
Hago esta denuncia: hay lugares en Veracruz donde ser reportero equivale a vivir en la época del porfiriato, en la época de haciendas y peones; bajo el feudalismo del siglo XXI donde un OXXO equivale a una tienda de raya.
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Recientemente un edil organizó un convivio para atender a periodistas por el día de la libertad de expresión, el 7 de junio.
Un reportero rifó su regalo para atender una necesidad familiar.
Otro reportero rifó su regalo por una necesidad familiar aún más grave.
Dolorosa realidad donde prevalece la indiferencia: social, política, empresarial, institucional.
Si no hay dinero de por medio, a todo mundo le vale madre todo el mundo…
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Hay periodistas de vocación, con hambre -por todo lo expuesto líneas atrás- y hay periodistas o informadores o comunicadores o lo que sea, sin vocación y también con hambre.
El hambre aparece de este modo como uno de los elementos que cohesiona a la masa de hombres y mujeres con celular en mano detrás de la noticia y detrás de la chuleta, o la lata de frijoles, que para calmar el estómago funcionan lo mismo.
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Planteada esta dura realidad en términos más a fondo, digamos estructurales, vale decir que en ninguna sociedad alguien debe padecer hambre.
Nadie, absolutamente nadie.
En el caso específico del periodismo resulta imposible ser un gremio profesional y ético en medio de una tragedia económica particular y familiar.
Por definición, toda crisis de hambre se genera desde el Estado.
Ya sea por razones políticas o ideológicas; o por causa de su modelo macroeconómico; o por su régimen o su sistema de gobierno.
Cuando escribo Estado, incluyo al gobierno y a la sociedad.
Me incluyo, pues.
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En el caso de Veracruz y de sus periodistas, sus asesinatos y desapariciones están ligados -así sea parcialmente- al hambre; a la necesidad de ejercer la vocación de reportero y al mismo tiempo trabajar en algo distinto porque el dinero no alcanza…
O al hecho de aceptar los 200 pesos porque la dignidad no se come…
O a la necesidad de hacer a un lado el trabajo periodístico y aceptar un contrato temporal en la oficina de prensa de alguna candidatura porque se deben letras en las cadenas comerciales que dan créditos para surtir el hogar…
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Estas condiciones de orfandad económica no eliminan el oficio periodístico.
Terco, el periodismo sobrevive en una sociedad donde la violencia ha rebasado al Estado aunque éste lo niegue.
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Así las cosas, antes de ser asesinado o asaltado o desaparecido, en Veracruz el periodista ya era víctima de una muerte lenta y efectiva: el hambre.
Y continúa muriendo con la panza medio vacía o medio llena, según se quiera ver.
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De esta variable de análisis los periodistas nos debemos ocupar los días que corren.
A propósito de qué hacer con la CEAPP, por citar un ejemplo…

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