“Vieja leña para quemar, viejo libro que leer y viejo amigo hay que tener”, es la conseja por la que debe ser más bien recordado el segundo presidente civil que llegó a la máxima magistratura de la nación, don Adolfo Ruiz Cortínez.
Puedo decir que lo conocí de manera kantiana, o vicaria, al acompañar a mi padre mucho tiempo durante mi niñez, adolescencia y hasta mis 33 años, cuando falleció. Él me platicaba que de todos los presidentes de México que había conocido y entrevistado, (desde Lázaro Cárdenas hasta Miguel de la Madrid), uno de ellos le había dado su amistad verdadera, al grado de concederle derecho de picaporte en el despacho presidencial que se encuentra al sur del vetusto Palacio Nacional.
En esto del periodismo van involucradas propaganda, publicidad y relaciones públicas y creo que no se debe seguir la moda de los mal pensados, en el sentido de que esas son armas goebelianas para arrebatar poder y romper fronteras ideológicas. Al final del día los periodistas somos simplemente testigos de la historia y con ello nos conformamos, mas cuando se agregan y corrigen datos y situaciones estamos pisando los terrenos de la historiografía.
Claro que las corrientes ideológicas y políticas van cambando y conformando con el tiempo, de acuerdo a los materialistas dialécticos o históricos, pero también en el análisis estructuralista y el de las funciones que manan de las estructuras.
Por ello no debemos hundirnos en el simplismo en que hacen creer los bombardeos de los medios de comunicación masivos, a la juventud, a la que casi nunca dejan tomar un respiro para pensar, recapacitar y reflexionar, a las nuevas generaciones, considerando desde la crueldad de las estadísticas a la generación como “silenciosa” antes de la 2ª. Guerra Mundial, simplemente porque son menos y por lo tanto consumen menos.
Eran tiempos aquellos que he de reseñaros, cuando los baby boomers habíamos nacido y dentro de una tranquilidad mundial establecida por el nuevo orden de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), después de la paz firmada en portaviones y con el primer arsenal nuclear. Lo que seguía era la guerra de Corea y como estaba muy lejos, parecía que no nos afectaba: no así para los norteamericanos cuyos símbolos como Elvis Presley habían sido uniformados y rapados para unirse a la lucha armada, a pesar de su canto y manera de pensar.
Este romanticismo viene con la época reseñada: la de las casas y departamentos multifamiliares amplios, rodeados de jardines, con las fábricas y contaminación ambiental lejanas, así como la sobrepoblación, carestía e inflación. Llamaba la atención a propios y extraños el llamado milagro mexicano, delineado desde el sexenio alemanista con un crecimiento sostenido del PIB mayor a 4 puntos.
Sin embargo, las crisis sexenales se empezaron a dar, con un presidente que había tenido un principio en su campaña: ¡Honradez antes que nada!, y así se conforma un capítulo aparte, con el viejo político veracruzano que nació en 1889 y falleció en 1973 en el puerto que le germinó.
Ruiz Cortínez era un político que participó en la Revolución y tuvo el mérito de recuperar el tesoro nacional que el general presidente Venustiano Carranza se había llevado en un ferrocarril muy largo cuando lo asesinaron en Tlaxcalantongo Puebla, cuando huía hacia Veracruz, el más expedito puerto en ese entonces, y cuentan que eran muchos cofres cargados de oro. ¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los latrocinios presidenciales! Así nació el verbo ‘carrancear’, con razón Villa, Zapata y mi tío abuelo, el general Antonio I. Villarreal lo desconocieron desde la Convención de Aguascalientes.
Decía mi padre que Ruiz Cortínez se cortó el cordón umbilical en el momento mismo en que tomó posesión como Presidente de la República, el 1 de Diciembre de 1952, (en la antigua Cámara de los Diputados de Donceles, Centro Histórico) y desde el pódium flageló con su discurso al ex presidente Miguel Alemán, precisamente con el tema de la honradez y es que los ríos de pesos y dólares ya habían corrido de boca en boca, la principal forma de comunicación, que hoy se conocen como redes sociales (vía electrónica).
El licenciado Alemán ‘aguantó vara’ y se condujo bajo la máxima de los expresidentes priístas de callar y dejar pasar, la cual fue rota por Luis Echeverría, después por José López Portillo y ahora ya no existe, toda vez que los expresidentes se insultan a cada rato con los más soeces calificativos y obvio, por los MMC.
El expresidente Miguel Alemán era tan diplomático que, en sucesivas entrevistas para la televisión y otros medios, declaraba a la misma pregunta: –¿Cuál ha sido el mejor presidente de México?, –Creo que cada uno de ellos ha desempeñado un buen papel de acuerdo a su época y su circunstancia.
Ruiz Cortínez había sido contador público en su juventud y eso le ayudó en su administración. Se recuerda que fue el presidente que concedió el derecho al voto a la mujer, pero también tuvo que ver su segunda esposa, la primera dama María Izaguirre, –todas las esposas de los presidentes eran llamadas así, al igual que sucede en Estados Unidos, en México se cortó la tradición con la pareja presidencial del compañero presidente López Obrador.
Dice la famosa Wikipedia que “al iniciar su gobierno, el presidente Ruiz Cortines envió una iniciativa de ley para reformar el artículo 34 de la Constitución, con la finalidad de reconocer el derecho de las mujeres al voto, lo que ocurrió en 1953. A efecto de promover medidas para resolver la necesidad de casas habitación, creó el Instituto Nacional de la Vivienda; dio estímulos a la industria, particularmente a la mediana y pequeña; puso las bases para el desarrollo de la petroquímica e impulsó la creación de empleos.
“En atención a los adelantos técnicos logrados en el campo de la energía nuclear, y considerando que México no podía permanecer al margen de ese desarrollo, creó la Comisión Nacional de Energía Nuclear. La educación primaria y media se vieron impulsadas grandemente, y de manera especial, la politécnica y la universitaria, pues fue Ruiz Cortines quien equipó las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México e inició los subsidios al resto de universidades del país”, fin de la cita.
De tal forma que el mandato del “viejito Ruiz Cortínez”, como le llamaba la gente con su picardía, estuvo regido por lo que ahora llamaríamos una austeridad republicana, toda proporción guardada. El error máximo de los sexenios mexicanos se acentuaba, y es que el péndulo de los presidentes va de un extremo al otro, pero no hay continuidad en la mayor parte de la obra pública, concepto que se confunde con el continuismo. Debería legislarse al respecto para que independientemente del partido ganador de la silla, las obras tan necesarias para el pueblo fueran terminadas y desarrolladas a lo que sigue, en un presente en el cual el futuro nos alcanza todos los días.
Mientras Miguel Alemán construyó la Ciudad Universitaria al sur de la capital, con una escultura que le representaba como magistrado, Ruiz Cortínez la equipó. Pero años después los estudiantes fueron lanzando petardos al monumento hasta que tuvieron que retirar sus restos. Mismo fenómeno sucedió con la escultura del general Manuel Ávila Camacho, en bronce, que fuera erigida a la entrada del edificio principal administrativo del IMSS, en Paseo de la Reforma, bajo el argumento de que Cárdenas envió la iniciativa de ley para que naciera el IMSS, mientras que el presidente caballero lo inauguró en 1943. Problemas entre el continuismo (político) y la continuidad en las obras (servicio al pueblo, principio que debería adoptar y estudiar ampliamente todo aspirante a la política).
Y, ¿qué decir de la escultura y monumento conocido popularmente como la Diana Cazadora?, a la cual la señora esposa de Ávila Camacho le mandó colocar unas bellas pantaletas de bronce, pues consideraba un oprobio a la moral y las buenas costumbres su desnudez. Años después fue el general Alfonso Corona del Rosal, regente de la Ciudad de México, quien ordenó se volviera a desvestir a la hermosa amazona de bronce, para recuperar la obra de arte, pero desafortunadamente las pantaletas o lo que fuera, dañaron al original y este fue trasladado Ixmiquilpan, donde luce en la plaza del pueblo natal del hidalguense Corona del Rosal. ¡El original que todo mundo admira en el Paseo de la Reforma es una copia, copia de la copia, tan hermoso y es un vil Kitsch! Tanto trabajo que costó su elaboración, como veremos en otro reportaje.
Las mexicanas y mexicanos venimos de una tradición de tlatoanis ancestrales (machismo teológico) y presidentes superhombres, a los que nos enseñaron a amar y adorar como si fueran santos o ángeles bienhechores de la corte celestial. Y no exagero: veamos los libros de texto gratuito desde antes de Adolfo López Mateos, presidente que los hizo obligatorios, y encontraremos a un Miguel Hidalgo y Costilla que es un hombre fuerte y aguerrido, que toma por estandarte a la Virgen (igual que el conquistador Hernán Cortés) de Guadalupe, y que es torturado y fusilado al ser capturado por los realistas.
Todos los héroes nacionales merecen respeto, sin embargo, irlos desmitificando hace mucho sentido y es una veta para los historiadores que nos los dibujan de carne y huesos, como el excelso escritor Francisco Martín Moreno, quien a mi gusto exagera un poco en las aventuras sexuales, pero es muy interesante.
La señora de Ruiz Cortínez es recordada por el pueblo como una dama dispendiosa que manejaba cabarets, lo cual hubiera conducido probablemente, al paredón a quien se saliera del sistema PRI y lo publicara, pero señalaremos que la primera dama, María Izaguirre, como último acto público, fue a votar a las urnas y el sucesor fue don Adolfo López Mateos, otro carismático político mexicano que a mi humilde entender merece el don, siendo el iniciador de la política presidencial desde y hacia los medios, como actor principal, tradición acuñada en la Unión Americana desde hace muchos años y con el presidente John F. Kennedy, cuando apareció la TV, el aparatito, llamado ‘caja idiota’ por unos y tecnología avanzada del espacio por los otros…pero esa, ya es otra historia…(Continuará en el capítulo López Mateos, el manejo de una imagen).