Los rostros cansados de los deportados cubanos a México: “Yo ya estoy viejo, no me quiero morir aquí”

Los Gobiernos de Sheinbaum y Trump mantienen un acuerdo “no escrito” para el envío de extranjeros al sur de la frontera. Un juez federal ha cifrado en 6.000 los cubanos deportados. La mayoría llegan a Villahermosa y Tapachula, donde a duras penas sobreviven sin apoyo del Estado

Hace solo unas semanas eran electricistas en Miami. O gerentes de departamentos de una multinacional. Seguían pescando cómo habían hecho los últimos 30 años. Conducían los camiones. Tenían una empresa de aire acondicionado. Cobraban el retiro por una vida trabajada

¿Y ahora? Ahora buscan el hueco entre los soportales, tienden al sol ropa mojada en un lavamanos, abren y cierran puertas de un Oxxo con la esperanza de que caiga alguna moneda, celebran las mantas que una vecina caritativa les ha dado para no dormir directo sobre el concreto, atesoran papeles doloridos, documentos en un idioma equivocado, confían en un dinero prometido para comprar un celular y poder llamar a sus familias, que se quedaron a miles de kilómetros, al otro lado de la frontera.

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