Con gran alegría me entero que el maestro Carlos Converso Prato recibirá la Medalla Bellas Artes 2026.

  • Un buen pretexto para recordar una entrevista que le hice en 2020 para la agencia Efe-España
  • Converso, el poeta titiritero argentino que cuenta historias en México

Édgar Ávila Pérez

Veracruz (México). – De origen argentino, con profundas raíces en Latinoamérica, Carlos Alberto Converso Prato se convirtió en un contador de cuentos que pretende ser poeta, creador de “vida” y, sobre todo, en un referente del teatro mexicano de títeres.

Acompañado regularmente por el Oso que no lo era, El Furris y El Feo, sus muñecos preferidos, el dramaturgo, actor y director de teatro, es considerado aquel que sembró las semillas para la revalorización del arte de los títeres.

“Mis creaciones son un intento de poetizar un mundo que está vinculado con el humano para parecer como una ficción enriquecida”, afirma en entrevista con Efe, quien se nacionalizó mexicano en 1983.

El hombre de 72 años, aún conserva el típico acento argentino, adquirido en su natal San Francisco en la provincia de Córdoba, aunque tiene profundas raíces en Venezuela, Colombia y Ecuador.

En sus años mozos, recorrió Latinoamérica -de la mano de las compañías Teatro Estudio de Córdoba y Teatro Triángulo- con aquella idea de justicia de la izquierda revolucionaria a través del teatro, en espacios culturales independientes y en la propia calle.

“Estábamos convencidos que había que hacer teatro revolucionario que cambiara la conciencia de las personas”, rememora el hijo de un pastelero y una ama de casa, a quien el teatro le parecía un ambiente con demasiado glamour y poses.

Un amor de época le hizo enamorarse de las artes escénicas y entonces su trabajo jamás se detuvo. Ha logrado crear más de 20 obras teatrales para títeres, muchas de ellas para adultos, aderezadas desde una colonia populosa de la ciudad de Xalapa, capital del estado mexicano de Veracruz, donde radica en las últimas cuatro décadas.

“Para mí la dramaturgia no es solamente un ejercicio de escritura sino un ejercicio de creación en el escenario, todo lo que se crea en el escenario”, agrega.

Converso es reservado y silente, más no así sus obras de teatro que son bastante elocuentes, consideran los expertos. Y logró adaptar 25 obras al teatro de títeres, entre ellas Ubú Rey de Alfred Jarry, a la que ama con su surrealismo y su absurdo.

Desde “Firuletes y chacharitas” en aquel 1978, pasando por “¿Qué cuento es este?”, “Pandemónium” , hasta “Titirijugando”, “El oso que no lo era”, “Mi caballo, mi perro y mi rifle”, “Ficciones breves para títeres” y “Días Oscuros”, su obra y adaptaciones es prolija.

Es un creador de “vida” con sus 250 títeres de papel maché, unicel, hule espuma, alambre, madera y resina y hasta de látex, a quienes convirtió en sus hijos.

“Suele ser el Leitmotiv de los titiriteros: los títeres son como la especie de hijo, incluso, uno de los temas más tratados es cuando los hijos se rebelan contra el creador, la criatura contra el creador”, afirma con una sonrisa.

Supo crear personajes de la mano del poeta, escritor y titiritero argentino Javier Villafañe, en un taller de Mérida, esa ciudad de la cordillera de los Andes en el noroeste de Venezuela, donde fue a caer en sus constantes giras.

“Tenía un don muy particular para contar cuentos y envolverlo a uno, era un mitómano perfecto donde él mismo era el contador y al mismo tiempo el personaje que estaba metido dentro del cuento en fin. Nos ganó con esa magia”, recuerda.

Ahí dio forma a su primer títere, El Señor Presentador, un personaje muy flaco y narigón, hecho de papel maché, sacado de un horno de estufa donde obtuvo un secado rápido y se le dio vida en medio de ansiedad e inquietud de Converso.

El Oso que no lo era, un títere pequeño forma parte de la reducida lista de compañeros inseparables; así como El Furris, un peladito que se la pasa hablando medio cantinflero; y El Feo, un personaje que no necesita descripciones.

“Yo diría que son un intento de este artificio que de repente agarra tal valor existencial que realmente lo confronta a uno “, subraya.

Converso -aseguran críticos de arte- hizo suya una de las líneas del teatro más complicadas y menos valoradas del teatro: títeres. Desde sus espacios de creación, hizo entender que no necesariamente el teatro de títeres es cuestión didáctica, puede ser ilustrativo y de divertimento.

“El tipo de teatro que hago combina varios lenguajes, es una fusión de distintos lenguajes y de mistura (…) mi historia se inscribe en ese ámbito donde se tocan y se intercambian el teatro de actores como el teatro de títeres”, describe.

Desde un casa rodeada por amplios bosques, se autodefine como “un espécimen muy extraño”, reconoce sus raíces argentinas, pero se reconoce como mexicano.

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