Por: Pedro René Ramírez García, Cronista Oficial
Continuando con la crónica de las platicas que sostuvieron diversas autoridades de Pemex en la sala de Cabildo de Las Choapas, Veracruz, donde se discutieron las consecuencias del pozo petrolero Krem-1, damos a conocer la postura adoptada en la reunión, dada a conocer por el propio Chucho Uribe en una entrevista con Roberto Morales.
Las Choapas, Veracruz. Bajo la palapa del balneario Búfalo Beach, el aire no solo traía la humedad propia del trópico, sino el aroma a pólvora política y reclamo social. El alcalde Jesus Uribe Esquivel, con la narrativa de quien se sabe observado por un pueblo agraviado, rompió el protocolo de la diplomacia institucional para lanzar un dardo directo al corazón del gigante energético: “¡Son unos miserables!”.
La escena que describió el edil no fue la de un brindis por acuerdos alcanzados, sino la de una ruptura. En la Sala de Cabildo, lo que debió ser una mesa técnica de soluciones se transformó en un ring. Uribe, escoltado por su equipo de Gobernación, no soportó el lenguaje de las “proyecciones” y los “PowerPoints” de los funcionarios de PEMEX y Protección Civil, mientras en las comunidades de Nacimiento y Pedregal la tierra sigue oliendo a gas y el agua se niega a correr.
LA CARRETERA DE LOS 100 Millones: ¿Alivio o Distractor?
El alcalde reconoció el peso de la cifra: 25 kilómetros de reencarpetado asfáltico en la ruta Río Playas–Pueblo Viejo. Una inversión que supera los 100 millones de pesos. Histórica, sí. Necesaria, también. Pero para Uribe, esta obra no es un cheque en blanco que compra el silencio del municipio.
”No nos compraron”, sentenció con la firmeza de quien sabe que un camino pavimentado no limpia un arroyo seco ni cura una afección respiratoria tras la explosión del pozo Krem-1.
El Enemigo Extranjero y la Brecha del Dólar
El dedo flamígero no solo apuntó a la paraestatal. La empresa china Sinopec quedó en la mira del Ayuntamiento. El reclamo de Uribe desnudó la asimetría de la industria petrolera en la región: mientras los consorcios internacionales operan con presupuestos en dólares, a las comunidades y proveedores locales les quedan las migajas, o como él mismo definió, “centavos”.
La advertencia fue clara: si los abusos y los daños ambientales persisten, la dirección de Ecología se convertirá en la aduana que frene la maquinaria de exploración.
El Saldo de la Emergencia
Más allá de los titulares, la crónica del alcalde reveló la cruda realidad del terreno:
Arroyos desaparecidos: Como el de la comunidad de Las Cruces, que se reporta totalmente seco.
Salud tardía: Una respuesta médica que llegó 60 días después del siniestro, una negligencia que el edil no pasó por alto.
TENSION SOCIAL: Comunidades como Lázaro Cárdenas y Las Cruces que siguen en pie de guerra, esperando que la mesa de negociación traiga algo más que asfalto.
El alcalde abandonó la reunión inicial, dejando a los funcionarios en un silencio incómodo, solo para ser buscado una hora después con la oferta formal de la obra carretera. Fue un desplante táctico que forzó la mano de la paraestatal, pero la batalla por Las Choapas apenas comienza. El asfalto llegará, pero el reclamo por la dignidad y el entorno parece que no se borrará tan fácilmente como un bache en la red rural.
SIN MIEDO, TODO POR LA COMUNIDAD DE LAS CHOAPAS.

